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Un café para hacer

familia y parroquia

Un café en familia aleja de la soledad y permite hacer parroquia. Así lo demuestra una iniciativa de la parroquia de San Miguel Arcángel de Córdoba “Cafés en familia” que, basándose en su lema para este curso pastoral “Entre todos hacemos familia y para todos hacemos parroquia”, planteó la idea de lanzar una propuesta para aquellas personas que por diversas circunstancias de la vida, necesiten compartir un rato de convivencia con otras personas.

Pedro Cabello y Javier Muñoz quisieron tender una mano para un encuentro que hace familia con la ayuda de voluntarios de la parroquia. Un café y compañía para personas de muchas edades puede ser un camino de encuentro con otras.

En el centro parroquial de San Miguel, ya son casi un centenar las personas que esperan la llegada del sábado para sentarse en la mesa, con un café de por medio, y conversar con otras personas con las que compartir su día a día, su historia, su alegría o su pena. Una charla para conocer de primera mano su realidad, compartir experiencias y romper con la soledad.

“Cafés en familia” es la iniciativa puesta en marcha por la parroquia de San Miguel Arcángel de Córdoba, los brazos abiertos de la parroquia a las personas del barrio que se sienten más solas o que quieren pasar un rato en familia.

El café “migado” con la buena conversación, juegos tradicionales o concursos musicales, hace que se vayan tejiendo redes de amistad entre los mayores del barrio.

Siguiendo el lema de la parroquia para este año “Entre todos hacemos familia y para todos hacemos parroquia”, “pensamos que hay un grupo de la parroquia bastante importante que viven solas, que se sienten o no se sienten solas, pero viven así, por lo que pensamos que no hay mayor tristeza que no tener a nadie o que no poder compartir en familia”, explica Pedro Cabello, párroco de San Miguel Arcángel. Partiendo de esta primera idea, los sacerdotes y un grupo de fieles maduraron un poco una iniciativa bonita, que era la de poder invitarlos con los brazos abiertos, fueran o no fueran de la parroquia, a todos los mayores del barrio a compartir un día juntos, en compañía, y pasar unas risas. De ahí surgió incluso la idea del lema “Cafés en familia”, pues el café “es siempre una oportunidad para el encuentro, para el diálogo, para que uno y otro puedan compartir, se puedan conocer y puedan incluso luego quedar juntos o acompañarse en situaciones como puede ser ir a un médico”, dice el párroco quien dos sábados al mes, se dedica en cuerpo y alma a estar con todos los mayores en esta iniciativa que, asegura, “les está haciendo mucho bien”.

“Normalmente muchos vivían cerca, se saludaban por la calle, pero no se paraban a hablar unos con otros, y tras esta experiencia, se conocen más, se preguntan cómo están, cómo se sienten…Está siendo una experiencia con una gran respuesta y que aconsejamos que se implante en muchas parroquias porque les hace mucho bien”, asegura Pedro.

Javier Muñoz, Vicario parroquia de San Miguel, añade que “se está creando familia porque, gracias a Dios, se conociendo unos y otros y además esto sirve de evangelización, ya que entre ellos se invitan a misas, al rosario o a las actividades que la parroquia ponga en marcha”.

“Desde mi punto de vista esto está creando familia, pero también nos sirve para acercarnos a Jesús ver como se cumple la llamada que Dios nos ha hecho a nosotros como sacerdotes a evangelizar. Nosotros colaboramos en lo que se puede y nos lo pasamos genial con todos”.

“Hay que salir al encuentro de los demás”

Amparo Velasco es una de las que colaboran impulsando esta iniciativa. Ella se sienta a la mesa cada uno de los dos sábados al mes en los que se celebra la iniciativa con sus vecinas, con sus amigos, para compartir más que un café. “Te encuentras con una persona que tiene un problema, mayores que necesitan que alguien vaya a sus casas a recogerlas y les ayude a salir a la calle, que las acompañe… La verdad es que cuando don Pedro nos planteó la posibilidad de esta experiencia, lo acogimos con muchísimas ganas, porque nos dábamos cuenta que para la vida de la parroquia y para hacer familia, esta era una iniciativa importante que podía dar una respuesta. Entonces, el grupo de voluntarios de Cáritas y de Acción Católica nos pusimos en marcha porque hay que salir al encuentro de los demás y abrir el corazón”, comenta Amparo.

Junto a ella, Mª Ángeles Aguilar y Charo Linde, preparan el café y todo lo que supone esta cita.

Mª Ángeles recuerda con cariño cada tarde en el centro parroquial, por donde ya pasan más de ochenta personas. “Hemos tenido hasta una señora de 102 años que celebró con nosotros su cumpleaños y esto para mí es una felicidad muy grande, poder cuidarlos y hacerles sentir útiles”, afirma.

Esta voluntaria reitera que la iniciativa es una bendición de Dios, puesto que considera que “no sólo salen beneficiados ellos, sino nosotros, porque es un regalo de Dios el poder servirles, estar allí en el café, verles las caras sonrientes y la alegría con que llegan. Yo con eso ya estoy pagada y le doy gracias a Dios todos los días de poder hacerlo”, aclama.

Charo coincide con ella. Empezó a vivir en el barrio a los 18 años y conoce a muchas de las personas y familias que lo conforman. La vida ha ido cambiando, la situación de cada uno ya es diferente, algunos se han quedado solos y la soledad hay que paliarla. “Yo invito a mis vecinos, a conocidos, los ayudo a llegar al centro parroquial porque sé que llegar aquí es una felicidad grandísima para todos. Y ellos siempre que me ven me preguntan ¿cuándo nos toca ir a “Cafés en familia”, Charo?”. Y es que aquí viven felices, conviven unos con otros y disfrutan de numerosos talleres en los que los sacerdotes se implican a fondo. “Están todos pendientes de que llegue el sábado que hay “cafés” con mucho entusiasmo, sean o no sean de la parroquia”, explica Charo.

“Estos encuentros son un regalo de Dios”

Pedro Caracuel cuenta que, cuando llegó a los “Cafés en familia”, su vida estaba totalmente desmoronada. Su mujer falleció repentinamente, sin esperarlo. A ella se encontraba muy unido, era todo para él. “A pesar de mi dolor, vengo aquí porque creo que es una obra muy buena y don Pedro se merece todo el apoyo por estar siempre implicado con todas las personas. Los sábado aquí son especiales, te acogen seas o no seas asiduo en la parroquia, ves cómo los sacerdotes derrochan cariño hacia nosotros, disfrutas con ellos y, aunque yo siempre tengo en la mente a mi mujer, ese rato me ayuda a sobrellevar mi dolor”, explica Pedro. Su situación no es fácil, pero “Cafés en familia” y las actividades que realizan le están haciendo disfrutar. “Yo le digo a mi hijo que tiene que venir un día para ver cómo nos lo pasamos con don Pedro y don Javier, cómo viven y disfrutan de las actividades que hacemos”, recuerda sonriente.

Igualmente, Francisca Leiva ha comprobado cómo son capaces de alegrarle el día a cualquier persona. Ella no sale de su casa prácticamente y cuando salía era para ir al médico, ahora sale para asistir al café de la familia de San Miguel, porque “la mente se va a otro sitio, cantamos, bailamos, jugamos al bingo, a las adivinanzas y nos reímos muchísimo”.

Carmen Mesa es otra de las personas que le costó trabajo empezar a asistir a los “cafés” y cuando conoció a la gente y vio cómo se desarrolla el día allí, “los sábados que hay café estamos mirando la hora para venir las primeras, tanto yo como unas amigas”. “Si no hubiera sido por don Pedro y Charo, a lo mejor no hubiera salido, pero ahora me alegro mucho que me lo dijeran, que me invitaran a cada cosa que hace la parroquia como la peregrinación a Fátima que fue preciosa y que me integró más en la parroquia”, recuerda. Y añade: “aquí no tenemos ni que sabernos el nombre, porque nos pegamos una pegatina y ya sólo tenemos que hablar entre nosotros, hacer amigos, contarnos nuestras cosas de verdad y unirnos de tal manera que nuestra mente se vaya despejando de tantas situaciones difíciles”.

Carmen vive sola, no tiene hijos, solo sobrinos, pero ahora no se siente sola. Insta a las parroquias a hacer esta iniciativa, “porque crea un ambiente precioso y ayuda mucho. También invito a las personas a que vengan y no les de vergüenza, porque cuando entras por la puerta y ves el cariño con el que te acogen, esa vergüenza desaparece”.

Nadie es nuevo en el centro parroquial, todos son amigos, todos forman una familia, “la familia de San Miguel”, porque entre todos se sienten acompañados, arropados y felices.