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SACRAMENTOS DE LA INICIACIÓN CRISTIANA

«Sed bienvenidos a la Iglesia, a vuestra comunidad eclesial»

La Catedral de Córdoba ha sido testigo de cómo quince adultos han querido integrarse en el seno de la Iglesia tras un largo periodo de formación. El domingo de la Divina Misericordia, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, administró los Sacramentos de Iniciación Cristiana a quince catecúmenos, mediante los cuales fueron incorporados a la Iglesia precisamente en estos días de Pascua que, como señaló el prelado, “son días de gozo y de alegría”.

Mons. Demetrio Fernández acogió con cariño a los catecúmenos que iban a ser bautizados y les recordó, a lo largo de la homilía, la importancia de celebrar el misterio central de la fe cristiana, que Cristo ha resucitado, “ha vencido a la muerte y nadie más en la historia de la humanidad ha traspasado ese umbral”.

El pastor de la Diócesis explicó cómo la Iglesia nos invita a recibir el Bautismo desde niños, pero “si por la razón que sea aquel tiempo pasó, llega otra ocasión y la Iglesia os acoge con gozo como una madre que recibe a su hijo o hija”. “Recibís el Sacramento del Bautismo para alegría vuestra, de vuestra alma y de todos. Es una alegría grande y multiplicada en este día de Pascua”, aclamó el Obispo al tiempo que recordó que la comunidad cristiana y la Iglesia está siempre abierta y dispuesta a acompañar a cualquier persona que desee integrarse en ella.

Un acompañamiento que catecúmenos como Luna Castiñeyra Moreno ha vivido en primera persona. A sus 22 años, Luna decidió dar un paso importante en su vida, a pesar de que tenía mucho miedo. “Llevaba ya mucho tiempo pensándolo, pero no me atrevía por el miedo a ser juzgada. Me equivocaba totalmente. Finalmente, un día paseando con un amigo entré en una parroquia y le dije al párroco: Quiero bautizarme”, confiesa Luna.

Desde ese momento, los sacerdotes Pedro Cabello y Javier Muñoz, junto a los catequistas Jesús Cabello y Paloma López, se pusieron en marcha para ayudar a esta chica en su proceso de formación, “todo un regalo”, como ella mismo declara porque a pesar de su miedo, en este camino el Señor rompió sus esquemas.

“Lo he disfrutado muchísimo, he aprendido a esperar y a entender su valor y la formación se ha convertido en un pilar en mi vida”, asegura. Ahora, tras formar parte de la comunidad parroquial de San Miguel Arcángel de Córdoba, Luna se siente llena de paz. “Es muy fuerte saber y sobretodo, tener la experiencia de que hay alguien que te quiere con todo y a pesar de todo.

Aun así, si me tuviera que quedar con lo más importante, diría que conocer la familia que es la Iglesia. Yo no conocía la Iglesia y a través de ella he conseguido acercarme más el amor de Dios. Mis catequistas, Jesús y Paloma, han sabido siempre guiarme en este camino”, asegura.

El día más esperado

Luna imaginaba el día en que iba a recibir los Sacramentos de manos del Obispo como “un día precioso” y así fue como lo vivió. También fue un día grande para sus catequistas. Jesús Cabello expresaba el gran gozo que había sentido al ver Selena, Luna y Zoraida recibir los Sacramentos tras dos años impartiéndoles catequesis. “¡Ya son parte de la Iglesia! Me siento tremendamente afortunado. He sido testigo de los efectos que produce en el corazón el primer anuncio del Reino de Dios, y de cómo Jesucristo cautiva cada rincón de nuestro ser, dando respuesta a tanto que buscamos. Son tres campeonas. Gracias a la parroquia de San Miguel Arcángel de Córdoba por la confianza que ha depositado en mí; y a mi hermano Pedro, mi párroco, con el que camino seguro y feliz desde que nací. Hoy hay fiesta en el Cielo, y en mi corazón también. Dios empuja, a veces mucho”, aclamó Cabello.

Junto a Luna, también recibió los Sacramentos de Iniciación Cristiana otra joven, María Ruiz García. Tiene 25 años y ha sido en la parroquia de Nuestra Señora de Belén donde la han acompañado tanto el párroco, Juan José Romero Coleto, como una catequista, María de los Ángeles, en su proceso de formación catequética.

María llegó a la parroquia de Belén de la mano de sus primos y el bautizo de la hija de ambos. “Bautizarme es algo que desde hace tiempo quería hacer, pero nunca me atreví a dar este paso tan grande, gracias a ellos me adentré en este camino precioso. Llevo diez años junto a mi pareja, y aunque en un principio de nuestra relación era agnóstica, con él empecé a adentrarme en esta vida junto a Dios”, cuenta María para quien esta etapa ha sido muy enriquecedora tanto en espíritu como mentalmente. “Es algo que no se puede explicar en palabras.

El párroco, Juanjo, ha sido una pieza fundamental en esta etapa. Es una gran persona que me ha enseñado cómo una vida cristiana puede engrandecerte como persona. No quiero dejar atrás a todas las personas que he conocido en la Iglesia y me han acogido como una más y han rezado por mí para mi gran día”, subraya. “Paz” es la palabra con la que define todo lo que le ha aportado en su vida adentrarse en la comunidad eclesial: “Es así como me siento, llena de paz, y cómo me hace darme cuenta de las pequeñas cosas que te las dan gracias a Dios. He comprendido que junto a Él tengo fuerzas para todo lo que venga”.

Su párroco, Juan José Romero, ha sido testigo de este cambio en su vida, la ha animado a iniciar este camino, a caminar de la mano de la Iglesia, la ha ayudado a integrarse tanto en el catecumenado de adultos de la parroquia como en un grupo de catequesis de Confirmación de jóvenes. “La parroquia la ha acogido a ella y a su pareja con mucha alegría, ambos se han integrado mucho, participan en las celebraciones de la parroquia y poquito a poco se han ido integrando en la vida parroquial; algo que nos tiene repletos de alegría a toda la comunidad parroquial, la cual los espera con gozo y con mucho cariño”, comenta el sacerdote.

El comienzo de una vida junto al Señor

Tanto para Luna como para María, está claro que el fin no es recibir los Sacramentos sino el comienzo de toda una vida junto al Señor. “Estoy muy integrada en la parroquia, formo parte del coro en la misa de los domingos y además, este verano nos vamos a la JMJ en Lisboa”, indica Luna.

Por su parte, María, quien deseaba con todas sus fuerzas convertirse en cristiana, ya tiene en su cabeza cuál será el siguiente paso inmersa en su comunidad parroquial, el Sacramento del Matrimonio junto a su novio Jósua, “el cual no me ha dejado sola en ningún momento en este camino, al contrario, sino que me ha apoyado en todo siempre. Sin duda seguiremos con la parroquia de Nuestra Señora de Belén, ya que se ha convertido en nuestra familia”.

Y es que aunque a veces en la sociedad se quieran convertir los sacramentos de la iniciación cristiana en un simple convencionalismo social, la importancia del Bautismo, la Eucaristía, el Perdón y la Confirmación es mucho mayor. Comprender que Jesús entra en el corazón, nos llama y nos acompaña, es un don de amor que realmente vale más que todo lo material que se pueda recibir en la vida.

Benedicto XVI, en la Exhortación Sacramentum Caritatis, manifestó que “recibir el Bautismo, la Confirmación y acercarse por primera vez a la Eucaristía, son momentos decisivos no sólo para la persona que los recibe, sino para toda la familia. Ésta ha de ser ayudada en su tarea educativa por la comunidad eclesial, con la participación de sus diversos miembros”. Por tanto, como decía el Papa en su Exhortación, “nunca debemos olvidar que somos bautizados y confirmados en orden a la Eucaristía” y que ésta “lleva a la iniciación cristiana a su plenitud y es como el centro y fin de toda la vida sacramental”.