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Hacia una cultura regenerativa en diálogo con la naturaleza

Al inicio de esta carta apostólica Laudato Deum, el Papa Francisco expresa nuevamente su preocupación por el cuidado de la Casa Común y advierte que “no tenemos reacciones suficientes mientras el mundo que nos acoge se va desmoronando y quizás acercándose a un punto que quiebre”. La agresión a la naturaleza representa la amenaza para el ser humano y el Papa espera una reacción eficaz y verdadera de cada uno de nosotros. El cambio climático es uno de los desafíos universales a los que debemos responder porque sus efectos son soportados por los empobrecidos y vulnerables de la Tierra y “nuestro cuidado mutuo y nuestro cuidado de la tierra están íntimamente unidos”.

Con la nueva exhortación apostólica, publicada el 4 de octubre, el Papa Francisco pretende “mirar lo que pasó y decir qué hay que hacer funcionar” Esta carta apostólica implica una mirada nueva ante el “diálogo con la naturaleza” y espera una nueva “cultura regenerativa”.

El texto de la nueva Encíclica, publicada a las 12:00 del día de San Francisco de Asís, consta de 73 puntos y en su punto final recuerda el significado de su nombre: alaben a Dios “porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”, termina.

1. “La realidad es que un bajo porcentaje más rico del planeta contamina más que el 50% más pobre de toda la población mundial, y que la emisión per cápita de los países más ricos es muchas veces mayor que la de los más pobres”
2. “Sin duda no son ilimitados los recursos naturales que requiere la tecnología, como el litio, el silicio y tantos otros, pero el mayor problema es la ideología que subyace a una obsesión: acrecentar el poder humano más allá de lo imaginable, frente al cual la realidad no humana es un mero recurso a su servicio.”
3. “La lógica del máximo beneficio con el menor costo, disfrazada de racionalidad, de progreso y de promesas ilusorias, vuelve imposible cualquier sincera preocupación por la casa común y cualquier inquietud por promover a los descartados de la sociedad”
4. «Las negociaciones internacionales no pueden avanzar significativamente por las posiciones de los países que privilegian sus intereses nacionales sobre el bien común global. Quienes sufrirán las consecuencias que nosotros intentamos disimular recordarán esta falta de conciencia y de responsabilidad»
5. “Invito a cada uno a acompañar este camino de reconciliación con el mundo que nos alberga, y a embellecerlo con el propio aporte, porque ese empeño propio tiene que ver con la dignidad personal y con los grandes valores”.
6. ”No puedo negar que es necesario ser sinceros y reconocer que las soluciones más efectivas no vendrán sólo de esfuerzos individuales sino ante todo de las grandes decisiones en la política nacional e internacional”
7. “Dios nos ha unido a todas sus criaturas. Sin embargo, el paradigma tecnocrático nos puede aislar del mundo que nos rodea, y nos engaña haciéndonos olvidar que todo el mundo es una “zona de contacto”.”
8. “El esfuerzo de los hogares por contaminar menos, reducir los desperdicios, consumir con prudencia, va creando una nueva cultura. Este solo hecho de modificar los hábitos personales, familiares y comunitarios alimenta la preocupación frente a las responsabilidades incumplidas de los sectores políticos y la indignación ante el desinterés de los poderosos”.
9. “Necesitamos superar la lógica de aparecer como seres sensibles y al mismo tiempo no tener la valentía de producir cambios sustanciales”.
10. «Alaben a Dios» es el nombre de esta carta. Porque un ser humano que pretende ocupar el lugar de Dios se convierte en el peor peligro para sí mismo”.

En este enlace pueden acceder a su contenido completo

La conversión ecológica se encuentra con la justicia

Bajo el lema “Que la justicia y la paz fluyan”, el Movimiento Laudato si´ celebra este año el Tiempo de la Creación. Cada año, desde el 1 de septiembre hasta el 4 de octubre, la Iglesia nos convoca, de manera especial, para orar por el cuidado de nuestra Casa Común. En este artículo, Rosa Quero, Animadora Laudato si´ del Movimiento Laudato si´ en la diócesis de Córdoba, comparte una reflexión necesaria y señala la necesidad de un cambio personal que engendre en todos una verdadera “conciencia ecológica”, porque los cambios sociales vienen precedidos de un cambio personal

POR ROSA MARÍA QUERO PÉREZ

Animadora del Movimiento 'Laudato si'

El cambio climático supone una importante amenaza para la paz y la seguridad internacionales. Los efectos del cambio climático intensifican la demanda de recursos naturales, de alimentos y de agua, provocando disputas socioeconómicas y desplazamientos masivos.

El clima empeora las dificultades ya existentes. Sequías, desastres naturales, disturbios, violencia… son claros problemas que afectan particularmente a los excluidos; sin embargo, en los debates políticos se les considera como un mero daño colateral, porque no hemos tomado contacto directo con sus problemas. Esto, a veces, convive paradójicamente con un discurso “verde” que suena bien y abre la puerta a nuevos negocios.

“Debemos reconocer que una verdadera propuesta ecológica debe abordar la cuestión social, donde la justicia esté integrada en las discusiones sobre el medio ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (LS 49)

La aportación principal de la encíclica Laudato si’ es la llamada a la «conversión ecológica”. El concepto de conversión implica una llamada al cambio personal. Los problemas ambientales son de tal importancia, que una acción individual parece que no aporta nada, sin embargo, sabemos que los cambios sociales vienen precedidos de decisiones personales. En este sentido, la «conversión ecológica» es una llamada a una honda transformación personal, la cual genera un dinamismo de cambio, que conduce a una conversión comunitaria. “A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales”. (LS 219)

“Debemos reconocer que una verdadera propuesta ecológica debe abordar la cuestión social, donde la justicia esté integrada en las discusiones sobre el medio ambiente, para escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres”. (LS 49)

La aportación principal de la encíclica Laudato si’ es la llamada a la «conversión ecológica”. El concepto de conversión implica una llamada al cambio personal. Los problemas ambientales son de tal importancia, que una acción individual parece que no aporta nada, sin embargo, sabemos que los cambios sociales vienen precedidos de decisiones personales. En este sentido, la «conversión ecológica» es una llamada a una honda transformación personal, la cual genera un dinamismo de cambio, que conduce a una conversión comunitaria. “A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales”. (LS 219)

Para el papa Francisco la cuestión ambiental es mucho más profunda. No es algo externo, accesorio, sino que abarca muchas facetas de nuestra vida. “La cultura ecológica no se puede reducir a una serie de respuestas urgentes y parciales a los problemas que van apareciendo en torno a la degradación del ambiente, al agotamiento de las reservas naturales y a la contaminación. Debería ser una mirada distinta, un pensamiento, una política, un programa educativo, un estilo de vida y una espiritualidad que conformen una resistencia ante el avance del paradigma tecnocrático» (LS 111)

Esta conversión cambiaría nuestra mirada y nuestro pensamiento, de tal forma que las relaciones con los demás seres humanos y con las demás criaturas se basen en “un cuidado generoso y lleno de ternura” fomentando la cultura del cuidado, no la cultura del descarte. Esto implica “gratitud y gratuidad”, reconociendo que el mundo es un don recibido que brota del amor del Padre. (LS 220)

La propuesta de la ecología integral forma parte del Magisterio de la Iglesia y el eje central de dicha propuesta es la categoría de bien común del que se desprenden las demás reflexiones.

Laudato si´ nos invita a aprender a disfrutar compartiendo, y a contemplar lo que nos rodea, con una mirada distinta, poniendo las prioridades en los bienes espirituales frente a los materiales.

Por tanto, una verdadera “conciencia ecológica” no se crea por medio de leyes y normas, sino que depende de una verdadera “sabiduría de vida” que nos permita discernir, elegir y gozar lo bueno. Esta sabiduría se refleja en un profundo estilo de vida, de entrega generosa y corazón universal.

Es el amor fraterno, que debe inspirar hoy día el compromiso social para buscar alianzas que luchen por la justicia, el desarrollo y la paz.