Skip to main content

La Iglesia, familia de todos

La importancia de sentirse en casa, queridos, atendidos y escuchados en un lugar donde nadie les pide nada a cambio es exactamente lo que buscan todas aquellas personas que un día llegaron a nuestra ciudad en busca de una vida mejor, de una dignidad y de una ayuda que nadie les había ofrecido antes. Es la Iglesia donde los inmigrantes han encontrado una casa, una familia.

Se acerca la Jornada Mundial de las Migraciones. El próximo domingo, 25 de septiembre, se celebrará esta jornada para la que el Santo Padre ha elegido como lema “Construir el futuro con los migrantes y los refugiados”.

En un mundo cada vez más globalizado, caracterizado a veces por la indiferencia y la desconfianza hacia el extranjero, la Iglesia trabaja incansablemente por una comunidad que acoja a todo el mundo. La Iglesia está llamada, especialmente con los migrantes y refugiados, a ser “la casa de todos”. Es así como lo palpan los inmigrantes que conforman la Delegación diocesana de Migraciones de la diócesis de Córdoba. Jean Nkurykiye, Mª Auxiliadora Álvarez y Manuel Ángel Martínez coinciden en que “la Iglesia es familia”. Cada uno llegó a Córdoba por distintas circunstancias y fue en la Iglesia donde se sintieron acogidos, queridos y ayudados.

“Desde el primer momento que llegué a Córdoba en el año 2015, encontré cariño y amistad. La Iglesia sigue siendo mi familia”

En el caso de Jean, llegó a la ciudad enviado por el obispo de su ciudad, Burundi, para estudiar en el Seminario “San Pelagio”. “Desde el primer momento que llegué a Córdoba en el año 2015, encontré cariño y amistad, y aunque ya no pertenezco al Seminario, puedo decir que la Iglesia sigue siendo mi familia, porque no hay mayor definición para ella que una familia”, asegura Jean. En la actualidad, este joven sobrevive dando clases particulares de francés cuando tiene grupos suficientes, una idea que le propuso la Delegación de Migraciones y su delegado, Manuel Vida, quien le ayudó mucho desde que contactó con él. “El Padre Manuel me enseñó a hacer mi curriculum vitae, a anunciarme en internet para ofrecer mis servicios de profesor y a poder buscar un trabajo, pero además me da alimentos y medicamentos cuando lo necesito”, expresa este chico que ha palpado en primera persona cómo la ayuda de la Iglesia y de las personas que la ofrecen llega y es efectiva. “La ayuda de la gente sirve, es necesaria, la Iglesia la da y eso se nota”, afirma.

“La vida en la Iglesia es fundamental, no podría vivir sin ella porque es la que me ha dado esa fuerza para seguir y esa alegría en mi vida espiritual”

Jean lleva siete años solo en la ciudad. Es en la Iglesia donde ha encontrado una familia, donde se siente como un hijo con sus padres y donde ha encontrado el calor y el consuelo que toda persona necesita para vivir. Precisamente este aspecto es el que destaca Mª Auxiliadora, procedente de Ecuador y miembro activa tanto de la Delegación de Migraciones como de Pastoral Obrera y la HOAC. Llegó junto a su marido en el año 2007 cargada de sueños, dejando atrás a su familia y todo para construir un futuro mejor en España. Desde el primer instante que vivió en la ciudad sintió que la gente era un regalo de Dios para ella y su marido.

“Llegamos a Córdoba porque teníamos trabajo con una tarjeta residencia los dos, estuvimos tres años internos en una casa y después decidimos trabajar por horas. Buscamos un piso y las ayudas han sido siempre grandes. Siempre he estado involucrada con la vida parroquial y lo primero que hice cuando llegué al barrio de Fátima fue ir a la Iglesia y decirle al párroco que quería integrarme en la comunidad y en sus grupos de catequesis. El sacerdote Rafael Herenas me abrió las puertas de par y par y nos ayudó muchísimo”, recuerda.

No siempre la ayuda no tiene que ser económica, como expresa Mª Auxiliadora. Para los inmigrantes es muy necesario el acompañamiento, la escucha, el saber ponerse en su piel y ayudarle a encauzar su vida. “Cuando uno llega de otro país, se siente solo y cuando ves que alguien de la comunidad te arropa, te da su cariño y se preocupa por ti, vuelves a sentirte bien y a ver que es posible tener una familia y un apoyo. Eso es lo que yo sentí cuando llegué aquí, no tanto en lo económico porque gracias a Dios hemos tenido trabajo, pero sí nos hemos sentido apoyados en la amistad, en la solidaridad y espiritualmente. Yo por eso digo siempre que mi corazón está dividido por el amor a Córdoba y a mi país”, aclama.

Para Mª Auxiliadora la Iglesia es una madre: “Desde que era niña mis padres siempre me han enseñado esa parte de asistir a la Iglesia y estar allí con la Legión de María. Cuando llegue aquí y me integré a la vida de la Pastoral Obrera y de la HOAC, noté ese cambio en mi vida, vi que al igual que es necesario rezar, también hay que ir a la gente y ofrecer otras obras como la de acompañar. Y es que para mí la vida en la Iglesia es fundamental, no podría vivir sin ella porque es la que me ha dado esa fuerza para seguir y esa alegría en mi vida espiritual”.

Mª Auxiliadora lleva doce años en la Delegación de Migraciones, donde ha podido comprobar de primera mano la ayuda que ofrece la Iglesia a este colectivo reuniéndose cada mes con todos los inmigrantes, ofreciéndoles información para su vida, para realizar sus papeles o para la convivencia. “La ayuda más necesaria es a la gente sin documentos, sin vivienda y sin trabajo. A ellos se les ayuda a través de Caritas, se les informa sobre cómo hacer trámites, etc., porque lo importante de ayudarles no es darles todo, sino que sepan cómo buscar las cosas”, explica.

“La Iglesia es la comunidad donde nos reunimos para alabar a Dios y a ayudarse unos a otros”

Manuel Ángel ha sido también testigo de esta ayuda. Casado y padre de tres hijos, decidieron salir de El Salvador ante la inseguridad por parte de las pandillas hacia los jóvenes. Él y su mujer trabajaban en el hospital desde hacía 25 años y renunciaron a esa estabilidad para proteger a sus hijos de ser asesinados o desaparecidos por los grupos terroristas de su país. “Al sentirnos amenazados y en alto riesgo ante la seguridad de nuestros hijos jóvenes, optamos por viajar hacia los Estados Unidos, pero a mis hijos les negaron el visado, entonces, una amiga de mi esposa que vivía aquí en Córdoba nos animó a venir y gracias a Dios estamos aquí la familia completa”, explica.

Ellos aseguran que Dios jamás los ha abandonado y siempre han encontrado en la Iglesia un sitio, especialmente en situaciones adversas. “Para nosotros Dios siempre envía Ángeles y cuando únicamente teníamos dos días de estar en Córdoba, en la barriada de La Golondrina llegó don Manuel Vida a ayudar a una familia y sin pedirlo la propietaria del lugar le dijo que estábamos allí y él se acercó a visitarnos y a hablar con nosotros. Nos ayudó y nos invitó a visitar la parroquia de El Higuerón para que nos dieran apoyo, alimentos y ropa por parte de Cáritas. Nuestra sorpresa fue que el párroco era como nosotros, salvadoreño, y que nos acogió con mucho cariño, nos ayudó con alimentos y ropa de invierno”, recuerda.

Manuel Ángel y su familia creen firmemente en la Iglesia, en la labor que realiza y en cómo cada granito de arena suma, pues “la Iglesia es la comunidad donde nos reunimos para alabar a Dios y a ayudarse unos a otros”.

Jean, Mª Auxiliadora y Manuel Ángel son el vivo reflejo de cómo una persona pueda ayudar a otra abriendo su corazón, sintiéndose como hermanos en una gran familia, en la Iglesia.

Manuel Vida Ruiz, delegado diocesano de migraciones

“Aquí construimos un futuro con los migrantes y refugiados”

Después de lo aprendido en esta epidemia del Covid, el papa Francisco nos invita, en esta 108ª Jornada Mundial de los Migrantes y Refugiados, a construir un futuro más acorde con el plan de Dios. Y nos convoca a todos para edificarlo. Cita especialmente a migrantes y refugiados. Su aportación, trabajo, su capacidad de sacrificio, su juventud y entusiasmo han enriquecido a las comunidades acogedoras.

En Córdoba, juntos, vamos creciendo en solidaridad, acogida y cuidado mutuo, esforzándonos por la promoción humana y social de las personas, la justicia y los derechos humanos de todos. Ahí nos encontramos entidades eclesiales y sociales trabajando con ellos:

  • Realizando la tarea de sensibilización en la sociedad y en la iglesia para la solidaridad con ellos. Un ejemplo son los Círculos de Silencio, que celebramos mensualmente en el centro de Córdoba.
  • En la formación y preparación para su integración: clases de español, auxiliar de geriatría, ayuda a domicilio, talleres de cocina, hostelería, auxiliar de educación infantil, monitor de Comedor, etc.
  • La promoción e inserción social de la mujer gestante y familias monoparentales explotadas en contextos de prostitución o victimas de diversas formas de esclavitud.
  • El acompañamiento a jóvenes inmigrantes para que logren una vida autónoma y se inicien en la vida laboral, con hábitos de trabajo, en conexión con empresas locales, y facilitándoles incluso alojamiento.
  • La Mediación intercultural en centros educativos públicos y concertados.
  • El asesoramiento legal, el acompañamiento en situaciones difíciles, el apoyo psicológico, la ayuda inmediata necesaria hasta la Campaña Migrantes con Derechos. Sin olvidar la misión evangelizadora.

Además, nos sigue diciendo el Papa Francisco, ellos nos ofrecen una oportunidad de crecimiento cultural y espiritual. Nuestras comunidades cristianas han de saber situarse ante la diversidad e interculturalidad, para una acogida e integración acorde con el evangelio.