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Jornada mundial del migrante y del refugiago

«Libres de partir,
libres de quedarse»

El Papa Francisco reconoce en su mensaje con motivo de la 109ª Jornada Mundial del Migrante y Refugiado la complejidad de análisis que hoy presenta el  “fenómeno complejo y articulado” de la Migración, en el que la libertad de partir o permanecer en circunstancias difíciles se revela como un  valor que determina las vidas de muchas personas.

Esa libertad puede estar forzada por conflictos, persecuciones, catástrofes y pobreza y condicionada también por lazos familiares que actúan de anclaje la tierra que no se quiere abandonar.

Entonces, la posibilidad de elegir se aleja o se impone la salida a un lugar extraño para poner a salvo la dignidad de cada persona y sus familias, configurando “una preocupación pastoral extendida y compartida” por la Iglesia para acompañar y sostener a quien parte de sus orígenes en busca de una vida mejor.

En su mensaje, el Papa Francisco aboga por favorecer la posibilidad de elección pero subraya la importancia de garantizar a la persona migrante “que esa decisión sea informada y ponderada, para evitar que tantos hombres, mujeres y niños sean víctimas de ilusiones peligrosas o de traficantes sin escrúpulos”. Se trata de garantizar la libertad de la que muchos migrantes ha sido desposeídos.

MENSAJE DEL PAPA

Historias de soledad y superación

La soledad, el desarraigo y la inseguridad anidan en el corazón de la persona migrante. La inestabilidad laboral y la confusión cultural y de costumbres la sitúan durante mucho tiempo en la inquietud vital y cierto aislamiento, solo mitigados por la ayuda y la atención que otras personas le ofrecen. En la labor de información y acompañamiento se emplean muchos voluntarios de la delegación diocesana de migraciones con la que han tenido contacto las familias y mujeres que ponen rostro a la migración en Córdoba.

Una formación para alcanzar la dignidad

La libertad de buscar una vida mejor para su familia en Colombia no ha evitado que Adriana encontrara dificultades en Córdoba para encontrar trabajo y asume haberse sentido víctima de “racismo”, sin embargo, su tesón le ha permitido cursar estudios de FP y actualmente trabaja en una empresa de Ayuda a Domicilio como auxiliar de clínica.

Un trabajo digno es el medio para salvaguardar la dignidad y lo sabe bien Aldiné, que tuvo que salir de Nicaragua con su hija debido a la represión del gobierno a los estudiantes, ahora, con una vida asentada en Córdoba se alegra de estar aquí “por el futuro esperanzador de su hija”.

En busca de una vida mejor

En Ecuador, Auxiliadora tenía un fuerte arraigo familiar, pero su permanencia en Córdoba le permite ver ya esa ciudad como su casa. Para ella, el motor de su motivación para alejarse de sus raíces fue “una mejora de la vida” para ella y su familia. Al principio fue difícil por no conocer a nadie y la dureza del trabajo pero ahora valora mucho la seguridad que le ofrece España.

El dolor del desarraigo

El caso de Berta Lidia es desgarrador. Criada en Guatemala por sus abuelos, perteneció a una institución religiosa y su salida le condujo a un estado de ánimo poco favorable a la lucha por su adaptación en España. Una situación dolorosa arrastra también la colombiana Diana Patricia que sobrevivió al engaño de quienes la trajeron a nuestro país con la promesa de una vida mejor. Ahora ha alcanzado la estabilidad económica para ella y sus hijos gracias a su especialización como cuidadora de mayores. Su compatriota Gladis comparte con ella el agradecimiento a nuestro país por el tipo de ayuda que han encontrado al migrar hasta aquí. Para Sindis, de Honduras, el sueño de montar su negocio y vivir en su país ha quedado aplazado de momento. En Córdoba ha encontrado personas “buenas y malas, igual que trabajos”. Ella, como todos, sufre la soledad por la lejanía de los suyos.

Problema para obtener vivienda

En Ecuador, Auxiliadora tenía un fuerte arraigo familiar, pero su permanencia en Córdoba le permite ver ya esa ciudad como su casa. Para ella, el motor de su motivación para alejarse de sus raíces fue “una mejora de la vida” para ella y su familia. Al principio fue difícil por no conocer a nadie y la dureza del trabajo pero ahora valora mucho la seguridad que le ofrece España.

Por una educación para los hijos

Los problemas sociales y políticos de Venezuela hacen que Maria Eugenia valore mucho su vida en libertad en Córdoba, aunque conserva el desgarro de la partida. Sin embargo, se siente contenta y agradecida en España por tener trabajo y por la educación que reciben sus hijos en los colegio. Marisa Peralta es de Paraguay y antes de llegar a España vivió en Argentina cuatro años, aquí ha tenido “mucha suerte “con todas las familias con las que he trabajado”, que me han tratado muy bien respetando sus derechos. Una experiencia parecida la une a Mireia, una mujer ecuatoriana que salió de su país por motivos financieros y la inestabilidad del gobierno. Aquí se preparó y con el trabajo pudo criar a sus hijos; sin  embargo, la ausencia de sus padres sigue marcando su vida, aunque la Iglesia salió a su encuentro para ofrecerle ayuda.

Vivir en libertad y paz

La situación política en Nicaragua marcada por la dictadura provocó la salida de Norma de su país. Su condición de refugiada le permite explicar la “represión” en que se encuentra el país. Su obligada huida la situó en Córdoba donde ha encontrado trabajo y apoyo para desarrollar su vida en libertad. La huida en busca de seguridad para sus hijos explica la decisión de migrar de Sandra Flores y su familia de cuatro hijos que tuvieron que salir de El Salvador para alejar a sus hijos de las pandillas, donde la violencia y la extorsión eran un modo de relación que arruinaba sus vidas, hasta el punto de comprometer el negocio que tenían. La seguridad de nuestro país y la oportunidad de estudios para sus hijos le han permitido olvidar aquella pesadilla.