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Humilde servidor de la verdad

By 6 de enero de 2023Tema de la semana

La Catedral acogerá el día 7 el funeral por Benedicto XVI

El Obispo de Córdoba presidirá el sábado la Misa funeral a las 12:00h por el eterno descanso del Papa Emérito.

El Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, convoca a todos los sacerdotes de la Diócesis a la Misa Funeral por el Papa Benedicto XVI en la Santa Iglesia Catedral a las 12:00h del día 7 de enero. En esta celebración pueden participar los fieles cordobeses que quieran rezar por el Papa Emérito en el templo principal de la Diócesis .

Monseñor Demetrio Fernández invita a participar en esta misa a toda la Diócesis, sacerdotes, religiosos y seglares.

“Benedicto XVI iluminó los difíciles problemas de nuestro tiempo”

Las campanas de la Diócesis tocan en señal de duelo por Benedicto XVI

Al conocerse la muerte de Benedicto XVI en el último día del año 2022, las campanas de las parroquias cordobesas hicieron tocar sus campanas para anunciar el fallecimiento en Roma del Papa emérito. El Obispo de Córdoba destacó en ese momento su gran humildad y el servicio prestado a la Iglesia Universal al tiempo que le agradeció su implicación en la declaración del doctorado de San Juan de Ávila. La noticia del fallecimiento de Benedicto XVI a los 95 años convirtió el último día de 2022 en una fecha histórica. Su fallecimiento se producía diez años después de que Benedicto XVI pasara a la condición de Papa Emérito, una etapa en la que se ganó «el cariño y la ternura» de todos por ser una figura señera de la Iglesia de los últimos sesenta años, señaló el Obispo.

Monseñor Demetrio Fernández destacó su figura intelectual como el gran teólogo que ha sido desde siempre, aportando sus amplios conocimientos al Concilio Vaticano II, del que fue uno de sus mayores intérpretes «incluso saliendo al  paso de algunas desviaciones que ha supo  detectar con lucidez y reconducir», afirmaba el Obispo mientras pedía al presbiterio, religiosos  y fieles cristianos que elevasen oraciones a Dios por su eterno descanso.

El Obispo destacó la importante colaboración de Benedicto XVI al pontificado de San Juan Pablo II como servidor en la Congregación de la Doctrina de la fe, desde la que estudió a fondo el doctorado de San Juan de Ávila que le hizo conocer a fondo al gran sacerdote, clericus cordubensis, en octubre de 2012, al ser declarado Doctor de la Iglesia. El Obispo mostró su gratitud al Papa emérito “por su servicio a la Iglesia Universal y por ese reconocimiento de San Juan de Ávila que tanto nos afecta directamente a la diócesis de Córdoba».

El prelado, subrayó la humildad como huella indeleble de la trayectoria de Benedicto XVI y añadió que «nunca se creyó nada, ni aspiró a los puestos de la Iglesia». Así, recordó el Obispo el día su elección como Papa, cuando se calificó como un humilde trabajador en la viña del Señor, una definición que «lo identifica como hombre sencillo, de carácter amable y manso, al que Dios ha dotado de una gran capacidad para captar los problemas y, con su ciencia y virtud, aportar mucho a la Iglesia Universal».

Su pontificado pasará a la Historia como el que ha iluminado «los nadas fáciles problemas de nuestro tiempo con la luz de Jesucristo» y los ha encauzado para bien de toda la humanidad, expresó el obispo de Córdoba, al recordar como el Papa Francisco, su sucesor, nos ha llamado la atención hacia Benedicto XVI para que «reconozcamos y consideremos que su papel no había terminado, sino que estos diez años de retiro y oración en el Monasterio Mater Ecclesiae  del Vaticano han sostenido a la Iglesia con su silencio y su oración».

Como Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, invitó a toda la Diócesis a una «oración agradecida a Dios, que no abandona a su pueblo y nos va dando pastores según el corazón de Cristo» y muy unidos en la oración al Papa Francisco mostró su compromiso en la conversión «para ser luz en este mundo».

La dedicatoria de Benedicto XVI a la tesis del Obispo de Córdoba

El 7 de julio de 2003, el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández,  leyó su tesis doctoral “Cistocentrismo de Juan Pablo II” en Roma. Entonces era provicario general de la Archidiócesis de Toledo y párroco de Santo Tomé en la ciudad. En aquel momento,  el Cardenal Joseph Ratzinger era Prefecto para la Congregación para la Doctrina de la fe y al llegar a sus manos la publicación de aquel trabajo dedicado al estudio teológico de las encíclicas de San Juan Pablo II no dudó en imprimir de su puño y letra una dedicatoria que ahora adquiere un mayor valor histórico.

En esta dedicatoria manuscrita, el entonces Cardenal Ratzinger se dirigía así al que él mismo nombraría Obispo de Córdoba siete años más tarde:

“Al Reverendo Señor Demetrio Fernández González agradezco de todo corazón que haya expuesto con amor en este libro el misterio de Cristo, para que la luz de nuestro Señor resplandezca ante los hombres de nuestro tiempo”.

+ Joseph Card. Ratzinger
Roma, 7 de julio de 2003

El Papa que anunció el doctorado de San Juan de Ávila en Madrid

En la Catedral de la Almudena, durante la JMJ de 2011, Benedicto XVI anunciaba el doctorado ante 4.500 seminaristas

El Papa Benedicto XVI anunciaba en agosto de 2011 el doctorado de San Juan de Ávila ante las muestras de júbilo de seminaristas de todo el mundo. Aquel día histórico para la diócesis de Córdoba, el Papa mostró su determinación de declarar Doctor de la Iglesia Universal al patrón del clero secular español.

En la Catedral de Santa María la Real de la Almudena, expresó “con gran gozo” que, acogiendo los deseos del Señor Presidente de la Conferencia Episcopal Española y el Episcopado español, representado en un gran número de Arzobispos y Obispos de otras partes del mundo “declararé próximamente a San Juan de Ávila, presbítero, Doctor de la Iglesia universal”.

Con ese anuncio histórico para Córdoba y Montilla, donde se venera el sepulcro de San Juan de Ávila, quiso que “la palabra y el ejemplo de este eximio Pastor ilumine a los sacerdotes y a aquellos que se preparan con ilusión para recibir un día la Sagrada Ordenación” e invitó a todos a que «vuelvan la mirada hacia él” y encomendó a su intercesión a los Obispos de España y de todo el mundo, así como a los presbíteros y seminaristas, “para que perseverando en la misma fe de la que él fue maestro, modelen su corazón según los sentimientos de Jesucristo, el Buen Pastor, a quien sea la gloria y el honor por los siglos de los siglos”.

“¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir!”

En su testamento espiritual, el Papa Benedicto XVI expresa su gratitud a Dios y a su familia y pide perdón a quienes se hayan sentido agraviados

Si en esta hora tardía de mi vida miro hacia atrás, hacia las décadas que he vivido, veo en primer lugar cuántas razones tengo para dar gracias. Ante todo, doy gracias a Dios mismo, dador de todo bien, que me ha dado la vida y me ha guiado en diversos momentos de confusión; siempre me ha levantado cuando empezaba a resbalar y siempre me ha devuelto la luz de su semblante. En retrospectiva, veo y comprendo que incluso los tramos oscuros y agotadores de este camino fueron para mi salvación y que fue en ellos donde Él me guio bien.

Doy las gracias a mis padres, que me dieron la vida en una época difícil y que, a costa de grandes sacrificios, con su amor prepararon para mí un magnífico hogar que, como una luz clara, ilumina todos mis días hasta el día de hoy. La clara fe de mi padre nos enseñó a nosotros los hijos a creer, y como señal siempre se ha mantenido firme en medio de todos mis logros científicos; la profunda devoción y la gran bondad de mi madre son un legado que nunca podré agradecerle lo suficiente.

Mi hermana me ha asistido durante décadas desinteresadamente y con afectuoso cuidado; mi hermano, con la claridad de su juicio, su vigorosa resolución y la serenidad de su corazón, me ha allanado siempre el camino; sin su constante precederme y acompañarme, no habría podido encontrar la senda correcta.

De corazón doy gracias a Dios por los muchos amigos, hombres y mujeres, que siempre ha puesto a mi lado; por los colaboradores en todas las etapas de mi camino; por los profesores y alumnos que me ha dado. Con gratitud los encomiendo todos a Su bondad. Y quiero dar gracias al Señor por mi hermosa patria en los Prealpes bávaros, en la que siempre he visto brillar el esplendor del Creador mismo. Doy las gracias al pueblo de mi patria porque en él he experimentado una y otra vez la belleza de la fe. Rezo para que nuestra tierra siga siendo una tierra de fe y les ruego, queridos compatriotas: no se dejen apartar de la fe. Y, por último, doy gracias a Dios por toda la belleza que he podido experimentar en todas las etapas de mi viaje, pero especialmente en Roma y en Italia, que se ha convertido en mi segunda patria.

A todos aquellos a los que he agraviado de alguna manera, les pido perdón de todo corazón.

Lo que antes dije a mis compatriotas, lo digo ahora a todos los que en la Iglesia han sido confiados a mi servicio: ¡Manténganse firmes en la fe! ¡No se dejen confundir! A menudo parece como si la ciencia -las ciencias naturales, por un lado, y la investigación histórica (especialmente la exégesis de la Sagrada Escritura), por otro- fuera capaz de ofrecer resultados irrefutables en desacuerdo con la fe católica. He vivido las transformaciones de las ciencias naturales desde hace mucho tiempo, y he visto cómo, por el contrario, las aparentes certezas contra la fe se han desvanecido, demostrando no ser ciencia, sino interpretaciones filosóficas que sólo parecen ser competencia de la ciencia. Desde hace sesenta años acompaño el camino de la teología, especialmente de las ciencias bíblicas, y con la sucesión de las diferentes generaciones, he visto derrumbarse tesis que parecían inamovibles y resultar meras hipótesis: la generación liberal (Harnack, Jülicher, etc.), la generación existencialista (Bultmann, etc.), la generación marxista. He visto y veo cómo de la confusión de hipótesis ha surgido y vuelve a surgir lo razonable de la fe. Jesucristo es verdaderamente el camino, la verdad y la vida, y la Iglesia, con todas sus insuficiencias, es verdaderamente su cuerpo.

“Padre, en tus manos encomendamos su espíritu”

Las exequias por el Papa Emérito Benedicto XVI han sido una expresión de amor de la Iglesia Universal al papa humilde, al pontífice que en silencio rezó por todos durante los últimos años de su vida, al Papa entregado, de testimonio fecundo, que como María al permanecer a los pies de la cruz encontró “esa dolorosa pero recia paz que no agrede ni avasalla; en la terca, pero paciente esperanza en que el Señor cumplirá su promesa como había prometido a nuestros padres”, dijo el Papa Francisco en su homilía ante una abarrotada plaza de San Pedro del Vaticano en la que se encontraba el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández como concelebrante junto a Obispos y arzobispos llegados de todas las partes del mundo.

El santo Padre, que presidió la histórica celebración multitudinaria, se dirigió a todos asegurando que en el adiós a Benedicto XVI, también nosotros, aferrados a las últimas palabras del Señor y al testimonio que marcó su vida “queremos seguir sus huellas y confiar a nuestro hermano en las manos del Padre” y prosiguió pidiendo que las manos de misericordia de Dios “encuentren su lámpara encendida con el aceite del Evangelio que él espació y testimonió durante su vida”.

El Papa Francisco alzó la voz en nombre de todos los cardenales, obispos, religiosos, sacerdotes y laicos que participaban en las exequias de Benedicto XVI para decir que como las mujeres del sepulcro en el Evangelio “estamos aquí con el perfume de gratitud y el ungüento de la esperanza para demostrarle una vez  ese amor que no se pierde. Queremos hacerlo con la misma unción sabiduría, delicadeza a y entrega que él supo esparcir a lo largo de los años”. La emocionada homilía del Papa Francisco terminó con una aclamación: “padre en tus manos encomendamos su espíritu”. Una petición a Dios para “el amigo del esposo” que ha sido Benedicto XVI. “Que tu gozo sea perfecto al oir definitivamente y para siempre su voz”, finalizó

Los sacerdotes cordobeses, seguidores de Benedicto XVI

Sacerdotes de la diócesis de Córdoba narran sus vivencias cerca del Papa Emérito Benedicto XVI

Las muestras de admiración, cariño y respeto de los sacerdotes diocesanos de Córdoba hacia Benedicto XVI confirman la adhesión a su magisterio con desbordante gratitud. Muchos sacerdotes han dejado testimonio de la profunda huella que Benedicto XVI ha dejado en sus vidas, con fechas y momentos que se quedarán para siempre en sus memorias.

Florencio Muñoz, vicerrector del seminario resume en una foto durante la celebración del doctorado de San Juan de Ávila, el 7 de octubre de 2012, en la plaza de San Pedro, la impronta que ha dejado en su vida sacerdotal el Papa Benedicto XVI. Para el joven presbítero, «Benedicto XVI será el papa de mis años de Seminario y de ordenación de diacono. He tenido la suerte de poder estar en dos jornadas mundiales de la juventud con él, en Colonia y Madrid».

En el día del fallecimiento del Papa Emérito, Florencio Muñoz asegura que «como recuerdo tendré siempre a un Pastor que supo cuidar fielmente el rebaño que el Señor le encomendó. Un humilde trabajador en la viña del Señor, como él mismo manifestó el día de su elección, pero un trabajador fiel y santo».

El actual párroco de Nuestra Señora de Belén de Córdoba, Juan José Romero Coleto, estudió en Roma durante el pontificado de Benedicto XVI, del que recuerda sobre todo «la firmeza de la fe apostólica, un hombre de gran clarividencia para las cosas de Dios y del mundo». El sacerdote asegura que con su profunda visión sobrenatural  era capaz de hacer unos análisis muy acertados a la luz de la fe y «en un contexto de tanta incertidumbre y duda como era el suyo pude ver que tenía palabra oportuna, firme y verdadera, capaz de afianzarte en la fe e iluminarte el camino».

Nicolás Rivero, sacerdote diocesano misionero en Picota (Perú) pedía oraciones en el día de la muerte de Benedicto XVI y expresaba su gratitud al Papa Emérito fallecido señalando que «nos deja como legado su predicación, sus enseñanzas y su magisterio: gracias Benedicto, rezamos por ti, reza tú por nosotros». El sacerdote cordobés en misión asegura que «el ministerio de Benedicto XVI ha sido el del humilde trabajador de la viña del Señor: su palabra y ejemplo han estado llenos de una gran pasión por Cristo y su Evangelio», mientras resalta su amor a la verdad, «expresión de haber encontrado la verdadera sabiduría que es Cristo»

El sacerdote Tomás Pajuelo, párroco de Beato Álvaro de Córdoba y canónigo de la Catedral, expresó su tristeza por la muerte del Papa Emérito y resaltó su partida «en silencio, desde la humildad, como había vivido siempre». El sacerdote ha glosó su figura subrayando la erudición del Benedicto XVI y su capacidad para definir la relación entre fe y razón con la que «comprendió y quiso hacernos entender a todos, que tener fe no es cosa de ignorantes, de barbaros…La fe se apoya y hunde sus raíces más profundas en la razón». Como vivencia personal, Tomás Pajuelo recuerda uno de sus viajes a Roma cuando una mañana se encontró con él en la Plaza de S. Pedro, ambos entrando en la Curia Vaticana. Este encuentro ha emergió en su memoria el día de su fallecimiento y «lo veo como aquel día. Su abrigo negro, su sombrero y su maletín de cuando estaba de profesor en su Alemania natal…me acerque a él, lo saludé con emoción y le pedí por favor poder hacerme una foto con él…su respuesta me dejó perplejo: “¿por qué una foto conmigo? Yo no soy nadie importante…” y le contesté para mí lo es…y para toda la Iglesia, es el prefecto de la Doctrina de la Fe. Y con humildad y una sincera sonrisa, se hizo la foto.

Para Ángel Cristo Arroyo, actual Consiliario de Familia y Vida y párroco de Nuestra Señora de la Asunción de Priego de Córdoba el día 31 de diciembre se convirtió en un día de sentimientos encontrados: alegría porque Benedicto XVI ya está con Dios y triste por el vacío que deja en la Iglesia y en el mundo. El sacerdote reconoció ese día que «le tengo mucho que agradecer» y compartió su primer recuerdo durante la JMJ 2005 en Colonia, en el encuentro de formadores y seminaristas. Aquel encuentro,  cuando iba saludando por el pasillo opuesto a donde estaban los seminaristas de Córdoba se convirtió en un saludo y la entrega de una estampa que «todavía conservo en mi breviario. ¡Qué gran hombre de Dios!».

El sacerdote Jesús Daniel Alonso tiene en Benedicto XVI al «Papa de mi seminario y primeros años de sacerdocio». El director del secretariado Diocesano de Patrimonio Cultural de la Diócesis de Córdoba recuerda como le sorprendía escuchar sus homilías, «de profundidad y sabiduría admirables, y, a la vez, de una claridad extraordinaria». Al párroco de Nuestra Señora de Fátima de Córdoba, le sigue impresionando tras su muerte su humildad y su inalterable por su condición de Papa, por eso a Jesús Daniel le impresionó la primera vez que estuvo cerca de él, el día 29 de junio de 2010. Fue durante la misa en la que impuso el palio de arzobispo a don Juan José Asenjo, el obispo que lo ordenó. En ella, -recuerda- gracias a don Pablo Garzón, que entonces servía a la Iglesia en Secretaría de Estado, «pude recibir la Comunión de las manos del Papa. Me asombró observar que los ojos de Benedicto XVI no se apartaron ni un instante de la Forma Consagrada. Era el buen pastor que conocía a Su Pastor, que reconocía en la eucaristía al que está oculto pero vivo en ella». Este sencillo, pero revelador testimonio de fe, se vio corroborado durante todo su pontificado y su imponente magisterio. También por sus últimas palabras, “Señor, te amo”, que ratifican, como una rúbrica conmovedora, toda una vida de amor y servicio al Señor y a su Iglesia, explica Jesús Daniel Alonso.

En 2005 el párroco de Aguilar de la Frontera, Pablo Lora, participó en la JMJ de Colonia. Fue un acercamiento al magisterio de Benedicto XVI a través de su palabra, su cariño y su mirada hacia los jóvenes le conmovió mucho e hizo que tiempo después entrase en el Seminario, se encontrase con el Señor y comenzara a discernir su vocación. Sin embargo, la experiencia más personal de este sacerdote con el Papa Benedicto XI se presenta durante la proclamación en Roma del doctorado de San Juan de Ávila. En ese gran acontecimiento, los seminaristas de la Diócesis tuvieron un papel protagonista durante la ceremonia y él fue el seminarista que pudo ayudar a revestir al Papa en la sacristía.

A cada uno de los acólitos se les entregó una bandeja con cíngulo, estola o alba y a Pablo Lora correspondió el palio papal y los clavos que, entrando en una pequeña habitación contigua a la Capilla de la Piedad de Miguel Ángel de la Basílica Vaticana, recibía el Papa al que encontraron orando  mientras iba revistiéndose, haciendo las oraciones propias del sacerdote mientras se reviste. Junto a él estaba el maestro de ceremonia y un altar con velas encendidas. Un recuerdo vivo para el sacerdote diocesano que mantiene en su memoria como al entregarle el palio y los clavos se encontró con un joven de 25 años con el que mantuvo una breve conversación sobre aquel viaje para participar en el doctorado de San Juan de Ávila junto a un buen número de fieles de la diócesis, «con humildad y sencillez nos dijo que rezáramos por él, besé el anillo del sucesor de Pedro y me marché con lágrimas en los ojos para comenzar la procesión de entrada y participar en la liturgia del doctorado de San Juan de Ávila».

En 2005 el párroco de Aguilar de la Frontera, Pablo Lora, participó en la JMJ de Colonia. Fue un acercamiento al magisterio de Benedicto XVI a través de su palabra, su cariño y su mirada hacia los jóvenes le conmovió mucho e hizo que tiempo después entrase en el Seminario, se encontrase con el Señor y comenzara a discernir su vocación. Sin embargo, la experiencia más personal de este sacerdote con el Papa Benedicto XI se presenta durante la proclamación en Roma del doctorado de San Juan de Ávila. En ese gran acontecimiento, los seminaristas de la Diócesis tuvieron un papel protagonista durante la ceremonia y él fue el seminarista que pudo ayudar a revestir al Papa en la sacristía.

A cada uno de los acólitos se les entregó una bandeja con cíngulo, estola o alba y a Pablo Lora correspondió el palio papal y los clavos que, entrando en una pequeña habitación contigua a la Capilla de la Piedad de Miguel Ángel de la Basílica Vaticana, recibía el Papa al que encontraron orando  mientras iba revistiéndose, haciendo las oraciones propias del sacerdote mientras se reviste. Junto a él estaba el maestro de ceremonia y un altar con velas encendidas. Un recuerdo vivo para el sacerdote diocesano que mantiene en su memoria como al entregarle el palio y los clavos se encontró con un joven de 25 años con el que mantuvo una breve conversación sobre aquel viaje para participar en el doctorado de San Juan de Ávila junto a un buen número de fieles de la diócesis, «con humildad y sencillez nos dijo que rezáramos por él, besé el anillo del sucesor de Pedro y me marché con lágrimas en los ojos para comenzar la procesión de entrada y participar en la liturgia del doctorado de San Juan de Ávila».

Rafael Sánchez Cazorla, es sacerdote salesiano y cordobés, actualmente miembro de la comunidad Salesiana de Córdoba. Esta fotografía recoge un momento de la vigilia de Navidad, la misa del gallo en el Vaticano, el 24 de diciembre de 2008, cuando todavía era diácono. Un recuerdo junto a Benedicto XVI que se une a otra fecha en su memoria: la de la vigilia Pascual de 2009, cuando anunció el Aleluya y proclamó el Evangelio.

Blanca y Emilio, son un matrimonio perteneciente a la Delegación Diocesana de misiones y mirando la fotografía de 2007 recuerdan “este momento de gracia, cuando su Santidad, dio la bendición a nuestro primer hijo, al que acabábamos de adoptar, emoción, alegría y esperanza, nos brotaban en el corazón”. Esta instantánea está situada en un lugar privilegiado del hogar familiar.