Skip to main content

Festividad de San Francisco de Sales

By 21 de enero de 2022Tema de la semana

Posverdad para el fin del espíritu crítico

Es probable que la pregunta misma del escéptico Pilato – “¿Qué es la verdad?” -, en el momento presente, pudiera formularse con un término más cercano al concepto “posverdad” (post truth). Lo que sí que alcanza una mayor clarividencia es que precisamente esa veta de escepticismo perdura hasta nuestros días se formule o se pregunte con uno u otro término. Es un hecho palmario que la tan traída y tan llevada “postmodernidad” de los Lyotard, Vattimo, Baudrillard, Lipovetsky, Derrida y etc. no va por delante de la “postmodernidad de la calle” de la que ellos son meros notarios que levantan acta de lo que pasa. En definitiva, es lo que algunos han calificado como la “cultura líquida”, resumible en un elemental “credo”: 1) Vivir el instante (el presente cobra una radical primacía frente al pasado o al futuro, sólo el presente vale, porque cada instante es único y no hay esperanza en el mañana ni en el después; ya no hay proyecto, no hay historia); 2) Vivir en la apariencia (sociedad carnavalesca, cosmética, virtual); 3) El narcisismo (pero un Narciso apático, enamorado de una imagen que ni siquiera sabe si es realmente la suya).

Para él inmerso en esta posverdad – ¿quién puede decir que esté a resguardo de este “virus”? – la razón, en lugar de cimentarse con la verdad o con las grandes preguntas de la religión, es fácilmente empujada al ámbito de los deseos “privados” y ya no es capaz de promover forma alguna de auténtico diálogo sino todo lo contrario. Parece que nos hemos hecho relativistas creyendo que eso fuera la mejor forma de ser tolerantes, siendo este relativismo la antecámara del funcionalismo más radical. Prueba de ello es que nos relacionamos con el “mundo de internet” con la más básica actitud fideísta. Hemos invertido las coordenadas de referencia en el proceso de la confianza y de la atribución de la autoridad y no nos hemos dado ni cuenta.

Además, – aunque nos duela hemos de admitirlo – los intereses económicos que actúan en el “mundo digital” son “capaces de realizar formas de control tan sutiles como invasivas, creando mecanismos de manipulación de las conciencias y del proceso democrático” (Francisco, Christus Vivit, 89). Y no solo eso, sino que también estos circuitos cerrados facilitan la “difusión de informaciones y noticias falsas, fomentando prejuicios y odios” (ChV 89). Conviene que aprendiéramos a poder preguntarnos si estos espacios digitales no crean, en ocasiones, una visión distorsionada de la realidad, hasta el punto de generar una falta de cuidado de la vida interior, visible en la pérdida de identidad y raíces, en el cinismo como respuesta al vacío, en la progresiva deshumanización y en el creciente encerramiento en uno mismo” (cf. Directorio para la Catequesis, 361)

El “nativo digital” que vive en este panorama de la posverdad prefiere a la imagen a la escucha y – aunque también cueste reconocerlo – ha visto seriamente mermada su capacidad de desarrollo crítico. Se puede poner en el nivel de las evidencias que lo digital nos avoca a un proceso no solo cuantitativo sino cualitativo que produce un nuevo lenguaje y una nueva forma de organizar el pensamiento más intuitiva y emocional que analítica. A las pruebas me remito: – Eche un vistazo al panorama de serie y películas de cualquiera de las plataformas digitales y no encontrara sino el más variado elenco de “narraciones de historias límite y problemáticas” cuyo propósito más claro es polarizar su manera de afrontar los temas complejos así como hacer de usted un mero “usuario” y no el “ser capaz de decodificar” los mensajes de las citadas series o películas.

Tal vez sea cuestión de aguzar un tanto el ingenio para poder preguntarnos con verdad y honestidad en este panorama de posverdad: ¿Si la narración se convierte en la única herramienta de comunicación, no existe el riesgo de que solamente se den opiniones subjetivas sobre la realidad? ¿El acceso inmediato a todo tipo de contenido liberado de cualquier jerarquía de importancia no genera más bien una más que evidente falta de perspectivas y de visión de conjunto? ¿A qué conduce una cultura marcada a menudo por la inmediatez, por el instante y por la debilidad de la memoria? Si la socialización se ve reducida al único ámbito de las “redes sociales”, ¿hasta qué punto se garantiza un verdadero un “contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal” (Francisco, Laudato si, 47)?

El “nativo digital” que vive en este panorama de la posverdad prefiere a la imagen a la escucha y – aunque también cueste reconocerlo – ha visto seriamente mermada su capacidad de desarrollo crítico. Se puede poner en el nivel de las evidencias que lo digital nos avoca a un proceso no solo cuantitativo sino cualitativo que produce un nuevo lenguaje y una nueva forma de organizar el pensamiento más intuitiva y emocional que analítica. A las pruebas me remito: – Eche un vistazo al panorama de serie y películas de cualquiera de las plataformas digitales y no encontrara sino el más variado elenco de “narraciones de historias límite y problemáticas” cuyo propósito más claro es polarizar su manera de afrontar los temas complejos así como hacer de usted un mero “usuario” y no el “ser capaz de decodificar” los mensajes de las citadas series o películas.

Tal vez sea cuestión de aguzar un tanto el ingenio para poder preguntarnos con verdad y honestidad en este panorama de posverdad: ¿Si la narración se convierte en la única herramienta de comunicación, no existe el riesgo de que solamente se den opiniones subjetivas sobre la realidad? ¿El acceso inmediato a todo tipo de contenido liberado de cualquier jerarquía de importancia no genera más bien una más que evidente falta de perspectivas y de visión de conjunto? ¿A qué conduce una cultura marcada a menudo por la inmediatez, por el instante y por la debilidad de la memoria? Si la socialización se ve reducida al único ámbito de las “redes sociales”, ¿hasta qué punto se garantiza un verdadero un “contacto directo con la angustia, con el temblor, con la alegría del otro y con la complejidad de su experiencia personal” (Francisco, Laudato si, 47)?

Antonio Bermúdez corresponsal de prensa en la Alemania nazi

El cordobés, periodista, economista y político se encuentra en la causa de canonización por martirio abierta en Madrid en diciembre de 2020

Integrado en la causa de canonización por martirio de Rufino Blanco Sánchez y 70 compañeros laicos abierta en la Catedral de la Almudena de Madrid en diciembre de 2020, este periodista forma parte de los que dieron su vida como testigos de la fe, en aquellos tiempos dramáticos: unos 4.000 sacerdotes y seminaristas, 3.000 consagrados y  miles de laicos.

El periodista de El Debate, Antonio Bermúdez, nació en Baena el 23 de abril de 1898, estudió Derecho en la Universidad de Madrid. Comenzó su andadura profesional como encargado de la sección financiera en La Conquista del Estado. Llegó a Berlín en octubre de 1932 como corresponsal de El Debate y  en enero de 1935 fue expulsado de Alemania, acusado de calumniar al régimen nazi. En ese periodo pasó de la admiración al III Reich a la reprobación por su política anticatólica.

En las elecciones generales de febrero de 1936 el Antonio Bermúdez fue diputado por la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), en julio es arrestado y puesto en libertad. Al mes siguiente lo capturan nuevamente y es asesinado en la puerta de la checa ubicada en el Círculo de Bellas Artes de Madrid a los 38 años.

Hasta aquí todo parecería más propio de un “Jeremías 2.0”. Y sin embargo puede que ante semejante panorama la Iglesia misma tenga que redescubrir su permanente vocación de ser el lugar del “testimonio de la verdad”. No en vano, la citada pregunta de Pilato surgió cuando sus oídos escucharon –“[…] dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad, escucha mi voz”. El camino pasa por suscitar “[…] figuras autorizadas que, mediante un acompañamiento personal, lleven [a la persona] a descubrir su proyecto personal de vida. Este camino requiere pasar de la soledad, alimentada por likes, a la realización de proyectos personales y sociales que deben llevarse a cabo en comunidad” (Directorio para la Catequesis, 370). Puede que la más genuina tarea sea la de fomentar “experiencias de vida” en las que con facilidad sea reconocible el sentido de la vida, de la corporeidad, de la afectividad, de la identidad de género, de la justicia y la paz. Ya lo advirtió Chesterton en su momento: “El círculo externo del cristianismo es una guardia de abnegaciones éticas y sacerdotes profesionales; pero, salvando esta muralla inhumana, encontraréis la danza de los niños y el vino de los hombres; porque el cristianismo es la única armadura de la libertades paganas. En la filosofía moderna todo sucede al revés: la guardia exterior es encantadora y atractiva, y adentro la desesperación se retuerce” (Ortodoxia).

ENTREVISTA AL SACERDOTE Y DOCTOR EN PERIODISMO PABLO GARZÓN GARCÍA

actual párroco de San Vicente Ferrer en Córdoba

«Una noticia eclesial bien contada entraña un elemento transcendental»

“La formación en materia de Comunicación Social de los candidatos al sacerdocio en los seminarios de España”. Este es el título de la tesis doctoral del sacerdote diocesano Pablo Garzón García, que defendió el pasado mes de junio de forma online debido a la pandemia del Covid-19, obteniendo una calificación de Summa Cum Laude.

Este presbítero de la diócesis cordobesa realizó la defensa de un tema que es de suma importancia para la formación de los futuros sacerdotes en materia de comunicación.

En esta ocasión, como Doctor en Periodismo, explica en qué momento se encuentra el periodismo religioso y cómo afrontar la información de la Iglesia. Para Pablo Garzón, contar la verdad siempre es fundamental, así como la formación de los agentes de pastoral en el ámbito de la comunicación. En cuanto a la información religiosa, cree firmemente que “lo religioso es lo que debe sostener y orientar lo humano, y es todo lo humano lo que debe interesar al verdadero creyente”.

¿Cómo defines el periodismo religioso?

El periodismo religioso es el periodismo en sí, sólo que se centra en temas relativos a la religión. No debe variar en nada, sólo en la temática. Por lo tanto, debe mantener los mismos criterios de profesionalidad y calidad.

La presencia de lo religioso en los medios de comunicación ha ido sufriendo a lo largo de los años distintas variaciones, ¿en qué momento se encuentra actualmente el periodismo religioso?

Como vemos en los medios generalistas el elemento religioso está casi desaparecido, salvo en algunos medios muy contados. Responde, según mi criterio a dos elementos: primero, el hecho religioso interesa poco a una sociedad secularizada, “vende poco”. Segundo, la calidad de la profesión periodística ha descendido, ya que se cae mucho en el “amarillismo”, más que en el servicio a la sociedad, que es el sentido último del periodismo.

Como experto en la materia, ¿cómo debe ser la estructura de la información religiosa?

Lo fundamental de una información son los hechos y ¡ojo! los hechos novedosos. Lo que no es novedoso sencillamente no interesa. Uno cuenta algo sucedido que no había sucedido, que es extraordinario. Por lo tanto, la estructura debe responder al axioma periodístico de las “5 W”, es decir, ¿qué ha ocurrido, cuándo, dónde, por qué, y quién o quiénes fueron los protagonistas de lo sucedido? Todo esto debe ir salpicado de datos e historias o testigos. No trabajar así es propaganda, y la propaganda todos sabemos dónde acaba.

¿Consideras que el hecho religioso y periodístico pueden tener en común la búsqueda de la verdad o crees que en la actualidad no van en paralelo?

Sin duda debe ser así. Pero sin duda muchas veces no lo es. Hay muchas traiciones a la verdad desde el periodismo, sobre todo en el sesgo de las noticias, pero más aún en la elección de las mismas. Resaltar sólo lo morboso -“amarillismo”- es una traición a la verdad del hombre y la sociedad. Pero igualmente, se puede dar una traición a la verdad desde lo religioso, sobre todo cuando no se profundiza o se pone de relieve datos externos o secundarios de la fe cristiana, cuando se exponen realidades infladas o magnificadas, cuando el foco sólo se sitúa en lo bien que hacemos todo. Es la autorreferencialidad de la que habla el Papa.

¿Es posible un periodismo religioso que recoja la dimensión trascendente de las personas, sea comprensible para todo el público y al mismo tiempo no sea aburrido? Si es así, ¿cómo se lleva a cabo?

Si es posible, pero quizás no como tema que se presente directamente. Si la máxima del verdadero periodismo es contar lo ocurrido, lo trascendente se escapa a este molde. Pero a la vez una noticia eclesial bien contada entraña un elemento transcendental. Digamos que se intuye, que está implícito. Por ello, es tan importante la profesionalidad a la hora de narrar, la calidad del producto periodístico es clave.

Hay muchas formas de enfocar el periodismo religioso de forma atractiva, ¿nos podrías señalar una destacada y de gran relevancia?

Creo firmemente en lo bien hecho y para ello hay que saber y estudiar esta ciencia periodística. Desde la Iglesia, no todo lo que se escribe en una revista o se narra en un programa de radio responde a los criterios periodísticos. Hacer una buena entrevista es un arte, que se aprende. Narrar una noticia es un saber, que está en los manuales de periodismo. Por ello, la formación de los agentes de pastoral en este ámbito es tan necesaria para alcanzar este objetivo.

¿Piensas que la información religiosa puede alcanzar la misma relevancia social que la información general?

No, gracias a Dios. La vida, lo humano, lo social o lo político debe contar mucho más que lo que la Iglesia dice o hace. Pero es que todo lo realmente humano es para la visión católica del mundo enormemente valioso. Es lo religioso lo que debe sostener y orientar lo humano, y es todo lo humano lo que debe interesar al verdadero creyente.

Por último, en cuanto a la materia de formación, ¿qué carencias, necesidades o ventajas crees que tiene el periodismo actual ante la información de la Iglesia?

¿Carencias? muchas, podemos decir que en general en la Iglesia “estamos en pañales”. ¿Necesidades? Tomad este mundo en serio, ya que el mundo amplio de la comunicación conforma la sociedad entera y la Iglesia está y se dirige a esa sociedad. ¿Ventajas? No sabría decir que esta desigualdad tan acuciante conlleve ventaja alguna, pero seguramente la habrá cuando Dios es el que dirige la barca de la Iglesia.

Beato Lolo, mensajero de alegría radical

Lolo fue un joven de Acción Católica nacido en Linares en 1920. A los 22 años una parálisis progresiva lo dejó sin movilidad y los últimos nueve años de vida, su ceguera fue total. Su testimonio de radical alegría frente al dolor desborda heroísmo.

El joven Lolo “se hace” periodista y escritor. “Gano mi pan con el sudor de mi frente”, dice cuando recibe uno de sus múltiples premios literarios. Escribe 9 libros de espiritualidad, diarios, ensayos, una novela autobiográfica, y cientos de artículos en la prensa nacional y provincial. “Lolo es un trabajador dolorido o un enfermo que trabaja de sol a sol”, explica en su biografía  Rafael Higueras Álamo, sacerdote y Consiliario de la Asociación de amigos de LOLO. En su vida se mezcla año tras año el trabajo incansable y la enfermedad aguda. Pero su gran secreto radica en la piedad mariana y eucarística, de la que brota un amor apasionado por la Iglesia y un apostolado incansable “sin moverse de su sillón de ruedas”

Su vida y virtudes heroicas fueron declaradas por el Santo Padre Benedicto XVI el día 7 de diciembre de 2007, de ese modo le otorgaba el título de VENERABLE. Sus reliquias se veneran en la Catedral de Jaén.