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Apertura de la causa de beatificación del Hermano Bonifacio OH

El próximo 18 de diciembre a las 18:00h. se celebrará la Sesión de Apertura de la Investigación Jurídica Diocesana de esta causa en la Capilla del Hospital San Juan de Dios de Córdoba. Ese día tendrá lugar un acto jurídico en que se constituirá el tribunal formado por el Obispo, su delegado, el sacerdote Carlos Morales Fernández, el promotor de justicia, el sacerdote Juan Laguna Navarro, y el notario, el sacerdote Miguel Varona Villar. Junto al postulador y al vicepostulador de la causa, que representa al actor de la causa, la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios, se celebrará la Sesión de Apertura de la Investigación de la causa de beatificación y canonización del Hermano Bonifacio Bonillo OH.

A partir de esta Sesión de Apertura, comienza la recogida de las pruebas que avalen la veracidad en la existencia de la fama de vida y virtudes atribuida al siervo de Dios Hermano Bonifacio. Las pruebas comprenden los documentos, escritos, testimonios e interrogatorios a testigos. El obispo de Córdoba ha nombrado, además, una comisión de historiadores que auxiliará al tribunal en la recogida y análisis de estos documentos. Durante la fase diocesana nunca se juzgará sobre la existencia de la fama de santidad, que competerá al Dicasterio de las Causas de los Santos en Roma; comenzará entonces la fase romana de una causa de beatificación y canonización.

José Ramón Pérez Acosta, O.H.

«Su santidad de vida es hoy una provocación a la esperanza»

El hermano José Ramón Pérez Acosta, O.H. es el vicepostulador de la causa de Canonización y Beatificación del Hermano Bonifacio. El comienzo de esta causa le permite hacer el retrato de un ser irrepetible, creador de una gran obra para atender a los niños más necesitados de la Córdoba de mediados del siglo pasado, cuando la pobreza y la enfermedad privaba a muchas familias de lo esencial.

¿Qué rasgos destacaría de la personalidad del hermano Bonifacio?

Fue siempre un Hermano grande en humildad, alegre en su sentido de la responsabilidad y atento a destacar su opción por los pobres y su incondicional entrega a los más necesitados, sobre todo a los niños y a los pobres.

Era un hospitalario de profunda humildad y sencillez, capaz de llegar directamente al corazón de la persona. Es una virtud que lo ha hecho famoso, sin su consentimiento.

¿Cómo y cuándo nace la vocación religiosa del hermano Bonifacio?

Tras andar buscando trabajo lejos de su pueblo, por Madrid, Zaragoza y Barcelona, es en esta ciudad donde leyendo los anuncios de trabajo de un periódico, encuentra que los Hermanos de San Juan de Dios buscan un joven para trabajar en el Asilo de la Inmaculada, donde los Hermanos atienden a niños pobres, escrofulosos y faltos de salud. Es admitido, y antes de un año ya se ha enamorado de la gran labor que realizan los Hermanos, y solicita su ingreso, sin dudarlo y dispuesto a todo.

Escribe a Ciempozuelos (Madrid), en el año 1924, y le aceptan para empezar en esta obra de Dios, que iba  a ser el ideal más alto de su vida, consagrándose así a la misericordia y entregado inicialmente a la tarea hospitalaria con los enfermos mentales. Aquí nace la vocación religiosa, de su profunda sensibilidad y en la experiencia comunitaria desu encuentro con los Hermanos.

¿Cómo llegó a construir su obra en Córdoba a favor de los niños afectados por la polio?

Al concluir el noviciado y hacer la profesión de sus votos religiosos de pobreza, castidad, obediencia y hospitalidad, es destinado a pedir para los niños pobres del Hospitla San Juan de Dios de Santurce (Bilbao), un año, y luego del Asilo San Rafael de Madrid, también para niños lisiados pobres, cuatro años, y posteriormente al Asilo San Rafael de Granada, otros cuatro años. Ya está maduro como Hermano y lismonero, y los superiores le envían a Córdoba, en el año 1935, dedicándose en cuerpo y alma, y con entrega excepcional, a los que llamaría siempre “mis niños”, multiplicando su presencia por la ciudad y los pueblos cordobeses, con su hábito gastado y sombrero característico, y la inseparable cartera en la que recibía y daba limosna a los más necesitados. La obra nueva ya estaba en proceso, y su mayor contribución fue el amor que tenía a los niños por los que se desvivió y dedicó todo su tiempo.

Cuál es la Córdoba que lo recibe y conoce durante 40 años?

Empieza su misión de caridad en esta ciudad de Córdoba, pidiendo inicialmente sin hábito, por las dificultades de la guerra, y luego revestido de Hermano hospitalario, bata blanca en el Hogar- Clínica y hábito negro en la calle. Son tiempos difíciles, hay que ir de puerta en puerta, y no siempre es acogido con los brazos abiertos. Pero se muestra firme en la oración y generoso en la entrega. Poco a poco consigue que las ayudas se vayan multiplicando y los corazones generosos hacen que se pueda mejorar el personal médico, las instalaciones sanitarias, las técnicas quirúrgicas, los conciertos y siempre, siempre, abierto a los más necesitados, se trasforma en el nuevo Hospital San Juan de Dios. El magnífico personal, los voluntarios, la comunidad de Hermanos y unos bienhechores siempre atentos y unidos a la labor incansable del Hno. Bonifacio, hicieron y siguen haciendo posible que la Obra Benéfico-Social que lleva su nombre siga viva y estando al lado de las personas más vulnerables.

¿Qué significa para la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios el inicio de esta causa de beatificación?

Significa el importante valor de nuestro carisma, fundamentando en la hospitalidad vivida por San Juan de Dios.

El comienzo de esta causa es motivo para animarnos a continuar la obra de San Juan de Dios, sobre todo, en Córdoba, una ciudad que está en el corazón de la Orden Hospitalaria por los vínculos que tenemos. Su santidad de vida es hoy una provocación a la esperanza.

“El hermano Bonifacio era una persona cercana y afable, tenía un aspecto parecido al del Papa Juan XXIII y alguna gente se lo decía por la calle. Era un hombre sencillo. En una entrevista que le hizo Tico Medina lo tituló “El sablazo de Dios”, buen título para una entrevista”.

FRANCISCO SOLANO MÁRQUEZ

«Excelentísimo señor limosnero»

El retrato de un hombre sencillo y bueno

En el mes de marzo de 1973, el periodista y escritor Francisco Solano Márquez, tuvo la oportunidad de entrevistar al hermano Bonifacio para un semanario llamado “El Cordobés” y más tarde conocido como “El Semanario Cordobés”. La entrevista estuvo motivada por la concesión de la Medalla al Mérito de la Beneficencia, que otorgaba al hermano Bonifacio el título de excelentísimo señor. El acertado título de la entrevista fue “Excelentísimo señor limosnero”; el hermano Bonifacio al conocer la publicación dijo que a él lo seguían llamando “fray Garbanzo”, con esa sencillez y humildad que lo caracterizaba, recuerda el veterano periodista.

Ocurría en la Córdoba de hace medio siglo, en concreto en el año 1973, cuando el religioso estaba a punto de cumplir 74 años, había nacido en Cañaveruelas en la Alcarria conquense, ingresado en la orden en 1923 y realizado el noviciado en Carabanchel Alto. Su primer destino fue Santurce y en 1925 fue enviado a Madrid, al asilo de San Rafael hasta el año 1931; tras cuatro años en Granada, llegó a Córdoba el 16 de agosto de 1935, en vísperas de la Guerra Civil. En este momento llevaba medio siglo en la Orden y treinta y ocho años en Córdoba y según rememora Francisco Solano Márquez, “me dijo que aquí quería echar raíces, porque se sentía muy cordobés y le gustaría terminar aquí”. Así sucedió.

El hermano Bonifacio era sencillo y cercano, “formaba parte del paisaje urbano del centro de Córdoba”, explica el veterano periodista; se le podía ver en sitios como el Círculo Mercantil y otros lugares de la ciudad, donde acudía a primera hora de la mañana y trataba de esperar a personas relacionadas con el campo, labradores o terrateniente a los que les pedía “vales” para ir a sus cortijos y cargar allí lo que indicara aquel documento, ya fuera trigo o garbanzos; cualquier producción agraria donada la conducía al Servicio Nacional de Trigo, y esta operación le reportaba el dinero que necesitaba para el mantenimiento de su hogar y clínica de “San Rafael” donde acogía 60 o 70 niños, muchos de ellos discapacitados a causa de la poliomielitis, y otros muchos tratados de manera ambulatoria.

A media mañana se iba a los pueblo, previamente había contactado en el centro de la ciudad con labradores con los que acordaba el donativo que recibiría al llegar a sus fincas, animales incluidos. En algunos veranos, el hermano Bonifacio contó Francisco Solano, que recogía en un solo día tres mil kilos de trigo que llevaba al silo de la misma localidad para ahorrarse el coste del traslado. Todavía algunos recuerdan sus desplazamientos en un Land Rover, del que había sido provisto por uno de sus colaboradores.

La ciudad de Córdoba lo contemplaba como hombre cercano, afable, humilde, que no pedía nada para sí mismo. Su modo de acercarse a todos deja secuencias que delatan la voluntad de servicio valiéndose de cuanto estaba a su alcance. Recuerda Solano Márquez que “en alguna ocasión, si lo invitaban a café, les decía que prefería que le diera el dinero para sus niños acogidos en el hogar y clínica; se sentía como un padre cercano y protector”.

Vida de oración y trabajo

A lo largo de aquella entrevista, otras muchas facetas de su vida religiosa quedaron patentes y así lo plasmó la pluma de Francisco Solano Márquez. Era muy madrugador, se levantaba antes de las cinco y media y se iba a la capilla; tras la misa, bajaba a Córdoba, “porque siempre había algo que hacer”. Al ser preguntado sobre porqué hacía todo aquello, una vida sacrificada que el vinculaba a una razón profunda: “su fe en Dios, que endulza un trabajo que yo no cambiaría por nada del mundo. Medio siglo después esta entrevista cobra la actualidad de un hombre enamorado de Cristo y de su vocación de hermano limosnero, “no quería ni pedía más y vivía pobremente”.