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NÚMERO 859 • 3 DE DICIEMBRE DE 2023

CATECISMO PARA EL
CATECUMENADO DE ADULTOS

Buscad
al Señor

Salmo 69, 33

DIÁLOGO FRATERNO CON EL PAPA EN TORNO A LOS SEMINARIOS ESPAÑOLES

APUNTES

Confirmaciones en Montilla

El Vicario de la Sierra, David Arellano, administró el sacramento de la confirmación a un grupo de alumnos del Colegio de San Luis de Montilla en la parroquia de Santiago Apóstol a domingo, 26 de noviembre.

Exposición “Con oro de Ofir”

La Real y Archicofradía de Ntra. Sra. del Carmen de Rute ha organizado una exposición del patrimonio de la Virgen con motivo del centenario del patronazgo que tendrá lugar del 1 al 9 de diciembre en el centro municipal para el arte y la cultura “Pintor Pedro Roldán”, situado en la Calle Fresno, 35.

Misa ortodoxa georgiana

El pasado sábado, 25 de noviembre, el Pope ortodoxo Piroshi celebró una eucaristía en el rito georgiano y un bautismo en la parroquia santa María Madre de la Iglesia de Córdoba.

Toma posesión en Mérida-Badajoz

Mons. Rodríguez Carballo ya es arzobispo coadjutor de Mérida-Badajoz. Tras la eucarística de toma de posesión celebrada en la Catedral de Badajoz, será el cuarto responsable espiritual de la diócesis pacense desde que esta se reinstaurará en 1994.

AGENDA

SÁBADO, 2 DE DICIEMBRE • El Obispo bendice los salones parroquiales de la parroquia de Guadalupe, a las 11:15 horas, en Baena, y conmemoración del 250 aniversario del colegio Espíritu Santo de la localidad. • Por la tarde, asiste a una convivencia de Hakuna en la Real Iglesia de San Pablo, a las 16:30 horas.

LUNES, 4 DE DICIEMBRE • Rueda de prensa para la presentación del próximo Congreso de Jóvenes Cofrades que se celebrará en Lucena. La convocatoria será a las 11:00 horas, en el Obispado de Córdoba.

JUEVES, 7 DE DICIEMBRE • La Santa Iglesia Catedral acoge la misa en honor a la Patrona de Infantería, a las 18:00 horas. • Vigilia de los Jóvenes en la víspera de la solemnidad de la Inmaculada Concepción, en el templo principal de la Diócesis, a las 20:30 horas, presidida por el Obispo.

VOZ DEL PASTOR

¡Viene el Señor, alegraos!

QUERIDOS HERMANOS Y HERMANAS:

Comenzamos este domingo un nuevo Año litúrgico, comenzamos con el domingo primero de adviento. El cristiano vive lanzado al futuro, pero no lanzado al vacío de un futuro desconocido, sino en la espera gozosa de la venida del Señor. El futuro para el cristiano es una Persona, que ha anunciado su venida y no fallará en su promesa: “Vengo pronto. Maranatha (ven, Señor)!” (Ap 22,20).

El primer sentido del adviento es prepararnos para esa venida última y definitiva del Señor. Vendrá glorioso para llevarnos consigo y hacernos partícipes de su gloria para siempre. Él vendrá al final de la historia para juzgar a vivos y muertos, y su reino no tendrá fin. Pero en el caso de cada uno, él viene a por nosotros cuando acaba nuestra etapa en la tierra, cuando nos llega la muerte. El tiempo de adviento nos prepara para ese encuentro personal con Cristo, de cada uno, cuando él nos lleve consigo y glorifique nuestras almas, hasta la venida final en que esa gloria sea comunicada también a nuestros cuerpos, que resucitarán en el último día.

La comunidad cristiana, desde el comienzo hace dos mil años hasta el final de la historia, ha vivido, vive y vivirá en esa continua invocación: Ven, Señor Jesús (Maranatha), porque vive volcada hacia la unión plena con su Esposo y Señor Jesucristo. El tiempo de adviento aviva en nosotros el deseo de salir al encuentro de Cristo, que viene.

Y deseamos salir a su encuentro, acompañados por las buenas obras. Se trata de un encuentro esponsal, alimentado a lo largo de la vida personal de cada uno en la comunidad eclesial, y que en la Eucaristía tiene su anticipo, su alimento y su estímulo. Deseamos encontrarnos con Jesucristo cara a cara, sentir su abrazo eterno que nos llenará de gozo y nos purificará definitivamente de nuestras impurezas, y pasar de la esperanza a la plena posesión. Este es el primer sentido del adviento.

Y además, el adviento nos prepara de manera inmediata a las fiestas de Navidad, en las que celebramos año tras año el nacimiento en la carne del Hijo de Dios hecho hombre de las entrañas virginales de María, madre y virgen. El adviento es un tiempo de alegría y de gozo, que estimula la espera y el ansia del encuentro. La Navidad es la llegada de ese Hijo esperado, que por los sacramentos viene hasta nosotros realmente.

Las calles están inundadas de luz, porque el que viene es Luz de Luz, resplandor de la gloria del Padre, es la lámpara que ilumina la ciudad santa. Con él ya no habrá más noche, todo será más resplandeciente que la luz del mediodía. Los villancicos son expresión popular de esa alegría contagiosa, que brota del misterio de la Navidad, del Niño, de la Madre, de los pastores que se acercan, de los Magos que llegan trayendo regalos.

Ahora bien, no debemos dejarnos aturdir ni deslumbrar por todo lo exterior. En una sociedad de consumo como la nuestra, mucho de todo eso es agitado para estimular el gasto, incluso el derroche.

Hemos de aplicar nuestro sano juicio para mantener la templanza, puesto que sólo en el silencio interior podremos captar y saborear los misterios que celebramos. Sólo en el desprendimiento podremos salir al encuentro de todos los que sufren por cualquier motivo, y para los cuales también es Navidad. Más aún, el Hijo de Dios en su primera venida ha venido en pobreza y desnudez, en humildad y desprecio. No podremos conectar con él si nos instalamos en la extroversión, en el consumo y en el bullicio. No podremos sentir las necesidades de nuestros hermanos más necesitados, si sólo buscamos satisfacer nuestros sentidos.

La Navidad es una fuerte llamada a la solidaridad, porque el Hijo de Dios por su encarnación se ha unido solidariamente con cada hombre, cargando con sus penalidades y dándoles su salvación. Qué admirable intercambio.

El tiempo de adviento nos abre un panorama esperanzador. Entremos en este tiempo santo con deseo y esperanza de recibir abundantemente para repartir a raudales. Viene el Señor y trae para todos la gracia generosa de su salvación.

Recibid mi afecto y mi bendición:

+ Demetrio Fernández, obispo de Córdoba

DELEGACIÓN DIOCESANA DE CATEQUESIS

Buscad al Señor

Salmo 69,33

CATECISMO PARA EL CATECUMENADO DE ADULTOS Y LA REVITALIZACIÓN DE LA VIDA CRISTIANA CONFERENCIA EPISCOPAL ESPAÑOLA

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LIBRERÍA DIOCESANA

El camino espiritual del Adviento

Francisco A. de Castro Pérez

Editorial San Pablo

Francisco A. Castro nos ofrece en este libro una serie de meditaciones que trazan el camino del Adviento, un camino de preparación de la Navidad, en el que los cristianos avanzamos hacia la esperanza, la alegría, la paz, la justicia, la salvación y la cercanía de Dios. Estas meditaciones son, así, una guía para preparar personalmente y en grupo y para celebrar con plenitud este tiempo litúrgico de la venida del Señor, del Dios que vino hecho niño en Belén, que viene haciéndose a diario presente en nuestras vidas y al que esperamos en su venida gloriosa para instaurar el Reino.

El libro está disponible en la Librería Diocesana. Puede realizar su pedido a través del correo electrónico libreria@diocesisdecordoba.es o a través de WhatsApp 655 156 557.

AL TRASLUZ

ANTONIO GIL. Sacerdote

El Adviento en los Seminarios

Comenzamos el Adviento, “tiempo fuerte” en la liturgia de la Iglesia, que nos prepara a la Navidad. Tiempo de espera y esperanza. San Pablo, en su primera Carta a los corintios, nos indica cuál es el objeto de la “espera”: “La revelación de nuestro Señor”. El apóstol de las gentes nos invita a concentrar la atención en el encuentro con la persona de Jesús. Para un cristiano, lo más importante es el encuentro continuo con el Señor, estar con el Señor. El Señor viene cada día. “Nuestro Dios es un Dios que viene”, nos dice el papa Francisco. Y subraya con fuerza: “Dios es un Dios que viene, viene continuamente. ¡Él no decepciona nuestra espera! El Señor no decepciona nunca””.

Este año, el Adviento se cierne especialmente en los Seminarios españoles, tras el encuentro del Papa con los obispos españoles, el pasado 28 de noviembre. En el horizonte de este encuentro, tres metas hermosas: Primera, “los Seminarios han de formar a personas maduras, libres, capaces de desarrollar una vida plena y una vida social adecuada; segunda, los Seminarios han de formar hombres capaces de generar comunión y sacerdotes que vivan la sinodalidad de la Iglesia; tercera, los Seminarios han de formar sacerdotes misioneros para una Iglesia en salida, hombres muy maduros, enraizados en la persona de Jesucristo, hombres de Dios, pero con los pies en el suelo, amando a Jesucristo y amando esta tierra y a esta gente que toca, crean o no crean”.

“Permaneced vigilantes, porque no sabéis cuándo llegará el momento”, proclama hoy el evangelio. Jesús, dice la Biblia, está a la puerta y llama. Si le abrimos, viviremos un “momento de Dios”.