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Pastoral Obrera y del Trabajo celebra el III Encuentro Andaluz

“Caminar y soñar juntos. Soñemos un mundo del trabajo más humano” es el lema de esta jornada celebrada en Málaga

Con el lema “Caminar y soñar juntos. Soñemos un mundo del trabajo más humano” se celebró en Málaga, durante los días 27 y 28 de enero, el III Encuentro Andaluz de Pastoral Obrera y del Trabajo, en el que participaron más de 150 personas miembros de los Equipos Parroquiales de Pastoral Obrera (EPPOs), de los Movimientos Apostólicos en el mundo del trabajo (ACO, HOAC y JOC), Religiosas en Barrios y de otras organizaciones eclesiales y sociales procedentes de todas las diócesis andaluzas.

En un ambiente de oración, reflexión, diálogo y discernimiento, la jornada se inició con la oración y el saludo de monseñor D. Jesús E. Catalá Ibáñez, obispo de Málaga y con la presencia de Don Abilio Martínez Varea, obispo de Osma-Soria y responsable de la Pastoral del Trabajo de la Conferencia Episcopal Española.

El encuentro partió de una mirada creyente de la realidad del mundo obrero y del trabajo, para lo que se contó con la aportación de Pedro José Gómez Serrano, Doctor en Economía, Bachiller en Teología y miembro de la Fundación FOESSA. Con su ponencia “Iglesia en el mundo del trabajo, con rostro samaritano, buscando el desarrollo humano integral de los empobrecidos”, mostró desde las intuiciones del Papa Francisco la situación de empobrecimiento y deshumanización que viven muchos trabajadores y trabajadoras, afirmando que es urgente una Pastoral Obrera y del Trabajo que construya caminos de fraternidad y sirva, desde su misión evangelizadora, al desarrollo humano integral del mundo del trabajo. Este camino solo es posible desde un rostro samaritano encarnado en la realidad sufriente de este mundo obrero. A esta reflexión también ayudaron las experiencias de compromiso de organizaciones civiles y religiosas que colaboran a un desarrollo integral y humanizador de las personas empobrecidas del mundo obrero.

El encuentro culminó con la celebración de la Eucaristía en la que se ofreció al Señor el sufrimiento de muchas familias trabajadoras y, al mismo tiempo, el compromiso para que el trabajo sea fuente de vida y de reconocimiento de la dignidad de los hijos de Dios.