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Entrevista a Juana Castro

«Escribir de lo divino mitiga el dolor»

Juana Castro es en Córdoba el nombre de la poesía contemporánea. Desde que nació recuerda estar ligada a las letras.

Una vida profesional precoz, con 18 años ya ejercía de maestra, solo fue el inicio de una continua formación. Cuatro hijos y una dolorosa pérdida están siempre presentes en su garganta y en la manera de conquistar cada verso. Hoy hablamos con ella de su trayectoria creativa que recoge en parte la antología de poesía espiritual “Como un espejo” de la que forma parte. Recientemente ha participado en la lectura poética programada por Cosmopoética en el convento de Santa Marta de Córdoba.

Ha participado usted en esta lectura poética llevada a cabo en el convento de Santa Marta, ¿cómo valora esta experiencia?

Ha sido un encuentro o mejor el reencuentro con el orden, la belleza, la naturaleza vegetal y sus flores. Y también con la relación humana y religiosa, al ver a las monjitas, porque recordé mi colegio de Cristo Rey en Villanueva de Córdoba, la capilla, el rosario, los ejercicios espirituales. Fue mi madre quien decidió que yo ingresara como alumna y estudiante en ese colegio. Mi madre era una mujer analfabeta, pero fue decisiva para mí porque era inteligente. Y un día que venían mi padre y mi madre de la huerta, vi que se sentaban allí en unas piedras. Entonces yo pegué el oído y estaba mi madre diciendo a mi padre que la niña tenía que estudiar y debería hacerlo en el colegio de las monjas.

¿Cuándo y por qué se encuentra usted con la poesía, Juana?

Pues yo leía y aprendía con gusto los fragmentos, los poemas que venían en los libros de literatura. Y además había un poeta de mi pueblo que había emigrado y vivía en Nueva York, pero de vez en cuando venía, entonces hacía un recital en el teatro, y aquello me llegaba mucho. Él fue quien nombró por primera vez a Juana de Ibarguro, que por llamarse como yo, yo la elegí como mi madrina. Pedí entonces contra el reembolso a la librería Luque de Córdoba. Me lo enviaron, yo no tenía solvencia pero sí me lo enviaron y lo pagué contra el reembolso y ese fue el primer libro de mi biblioteca.

¿De de qué dolor le ha apartado escribir poemas?

Escribir es siempre un lenitivo, pero si es poesía lo es más. Escribir de lo divino mitiga el dolor. Me salvó de no sentirme una intrusa en aquel colegio, porque yo era hija de campesinos, sin apenas formación intelectual, mi familia, pero gracias a mi madre estuve en ese colegio y para mí fue decisivo.

No le gusta que le llamen mujer luchadora porque no recuerda haberlo hecho nunca. Esta es una anotación sacada de su biografía oficial. ¿Qué significa en su vida actual esta afirmación? Ese adjetivo se puso de moda con el feminismo. Pero no me gusta. Mejor que luchar, quise compartir y sobre todo seguir formándome. Y ya que me gustaba la poesía, pues leerla y escribirla, mostrársela a quien yo consideraba maestra o maestro, como eran las monjas profesoras de literatura o el sacerdote coajutor de mi parroquia, que tuvo mucha ascendencia entre las jóvenes de mi pueblo. Y también hacia Pedro, mi marido, antes de que fuéramos novios, aquel sacerdote movía mucho a la juventud.

Escribir de lo divino mitiga el dolor. Me salvó de no sentirme una intrusa en aquel colegio, porque yo era hija de campesinos, sin apenas formación intelectual

¿Cuál fue su primer encuentro con Cristo?

Pues los primeros ejercicios espirituales en la adolescencia y más tarde las charlas de este sacerdote que se llamaba don Sebastián Márquez Finque. Era un hombre que al hablar transmitía su propio entusiasmo por intentar ser semilla.

El encuentro con Cristo siempre vino junto a la naturaleza vegetal, entre la belleza del trigo, de las encinas, de la huerta, y la noria y la higuera y sus frutos. Y también dormir algunas noches en la era, en verano, viendo el cielo estrellado, entre los montones de trigo y de paja y de centeno. Eso también fue para mí una experiencia que no olvido.

¿Qué significa para usted la sagrada comunión?

Desde que hice la primera comunión, he seguido confesándome, cuando, bueno, cada cierto tiempo, y comulgando. Y lo hacemos mi marido y yo, cada domingo, cada vez que vamos a misa. Y es un momento de un tiempo de intimidad con ese Cristo que, por milagro, está conmigo en no sé cuánto tiempo.

¿Y dónde está Dios en su poesía, Juana?

Dios está en mi poesía como creador, como el tú más cercano de Dios a quien poder dirigirse. Pero en mi poesía hay otros precedentes. Un papa, que no recuerdo cuál fue, creo que se llamaba Juan, pero dijo que Dios es madre. Y por eso en algunos de mis poemas Dios es mujer.

¿Cómo participa usted en la iglesia? ¿Cuál es su modo de ser iglesia?

Pues ha ido cambiando según los tiempos. Mientras fui maestra en ejercicio, había una cercanía con la iglesia, porque yo participaba y ayudaba, porque siempre en los pueblos pequeños, las y los maestros colaborábamos con la parroquia y con el párroco. Después de muchos cambios de domicilio, ahora me siento más lejana. Pero quedan las visitas a las residencias, a los hospitales, a los ancianos o ancianas que viven solos, a mis vecinas viudas.

En un mundo descreído que oculta a Dios, ¿qué función debe tener la poesía para mostrar el amor de Dios, el amor que Dios nos tiene?

Siempre que se pueda, y se puede, podemos con la poesía mostrar el amor de Dios, la cercanía de Dios, los milagros de cada día en los que algunas veces nos reparamos. La poesía puede ser un medio de hablar de lo divino, de mostrar a Dios. Pero sucede que solamente cuando vivimos algo muy grande, por doloroso, -como para mí fue y mi marido la leucemia de nuestro hijo José Miguel y el tratamiento más horroroso para un niño de seis años-, pues nos acercamos más a Dios. Somos así los humanos.

Y cuento una anécdota. Hablábamos con nuestro hijo en el hospital. Y oí a José Miguel que nos decía como un profeta “Dios es bueno”. Fue algo muy grande,  algo que nos estaba transmitiendo y enseñando un niño de 6 años y pico, porque enfermo con 6 años y murió con 7. Dios es bueno.

Y esas palabras de su hijo en el hospital resuenan todavía entre vosotros, como sus padres que sois, ¿no?

Sí, efectivamente, resuenan y no se olvida.

¿Cómo afronta usted desde la fe la muerte de su hijo?

Creyendo en la otra vida y no cortando una relación también con él. Sí, nos dirigimos a él como a un santo y creemos que de alguna manera él nos mira y si puede hacer algo por nosotros lo hará.

Siempre podemos con la poesía mostrar el amor de Dios, la cercanía de Dios, los milagros de cada día en los que algunas veces no reparamos. La poesía puede ser un medio de hablar de lo divino, de mostrar a Dios