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Manuel Castro recibe la Medalla de plata al mérito social penitenciario

Desde los años sesenta está al servicio como voluntario de la Pastoral Penitenciaria, primero en la cárcel de Fátima y ahora de Alcolea

Con motivo de la festividad de la Virgen de la Merced, el 24 de septiembre, Instituciones Penitenciaras ha concedido a Manuel Castro Medina, veterano voluntario de la Pastoral Penitenciaria, la Medalla de plata al mérito social penitenciario por su dilatada labor en la prisión de Córdoba. Manuel comenzó su tarea pastoral y social en la antigua cárcel del barrio de Fátima allá por los años sesenta, primero como miembro de una comisión social que se ocupaba de las necesidades de los internos y más tarde, en los años ochenta, con el desarrollo de la Pastoral Penitenciaria que culminaría en 2007 con la creación del Secretariado diocesano. Además de haber llevado varios cursos, de catequesis en diferentes módulos y del curso para los delitos contra la seguridad vial, Manuel ejerce una meritoria labor de secretario imprescindible para ser el enlace entre la dirección y el funcionariado del centro y la Pastoral Penitenciaria.

Manuel no ha disimulado su asombro y alegría al recibir dicho reconocimiento y ha reconocido “no sé si la medalla es merecida o no, eso sólo lo sabe Dios” pero es consciente de que una ilusión así es un verdadero impulso para seguir avanzando. Los comienzos en la antigua cárcel del barrio de Fátima los recuerda con “nostalgia” y vienen a su memoria las familias a las que ayudaban de los barrios de las Palmeras y las Moreras cuando eran aun chabolas. De aquellos tiempos queda muy poco, el cambio de la prisión a Alcolea ha supuesto un antes y un después, “seguimos atendiendo a las familias pero de forma distinta”.

Todavía recuerda cuando en la época del sida buscaban casas de acogida para los presos y de cómo empezaron a impartir los cursos formativos, bíblicos o de seguridad vial, entre otros. En todos estos años Manuel ha aprendido que una persona que pasa por la cárcel lo que más necesita es que lo escuchen, “la soledad es la peor herida de una persona en prisión”. Para estas personas el cariño es importantísimo, “acercarte, abrazarlos y que se sientan escuchados” es una necesidad primordial. La Pastoral se acerca fundamentalmente a aquellos presos de los que sus familias no quieren saber nada y no reciben visitas. Tenemos que ayudarlos, acompañarlos, entenderlos y escucharlos, será a partir de ahí cuando empecemos a recibir “el ciento por uno”.

Las situaciones que Manuel ha vivido en tantos años son incontables, cada una especial y para muchas no tiene palabras que puedan describirlas. Recuerda, de la cárcel antigua, que en una ocasión llevó al famoso “Curro” a la Virgen de la Sierra, “ver a ese hombre llorar a borbotones me paralizó”. Ver cómo la Virgen ablanda los corazones es inexplicable.

La Iglesia está siempre pendiente de los más necesitados y, como ha reconocido Manuel, la labor que se lleva a cabo con la Pastoral Penitenciaria “es fabulosa”. Recibir esta medalla es reconocer esta labor, no sólo a Manuel, sino a la Pastoral al completo que tanto bien ha hecho, hace y seguirá haciendo por las personas privadas de libertad.