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“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”

El grupo de seminaristas que ha estado durante un mes en Picota junto al vicerrector del Seminario Conciliar “San Pelagio” ya han regresado a Córdoba

Tras un mes en la misión diocesana de Picota, en Perú, el grupo conformado por nueve seminaristas y el vicerrector del Seminario Conciliar “San Pelagio”, Florencio Muñoz, llegaron a Córdoba el martes, 29 de agosto, tras haber atendido a multitud de personas sedientas de la gracia de Dios.

“El Señor ha estado grande con nosotros y estamos alegres”, escribía el vicerrector del Seminario a su llegada a la ciudad recordando todo este tiempo en la misión diocesana, una experiencia que les ha marcado y que recordarán para siempre en su interior. “Han sido unos días de fraternidad, oración y compartir la fe con los hermanos cristianos de Perú”, aseguraba Florencio, quien ha estado acompañando a los seminaristas y a los sacerdotes diocesanos que sirven esta misión, Nicolás Rivero y Antonio Javier Reyes, en sus tareas diarias de atender y rezar con los vecinos, preparar y dar catequesis a los cristianos para la celebración de los sacramentos, visitar a los enfermos y administrarles la unción de los enfermos, celebrar la eucaristía con las distintas comunidades o bendecir las casas, entre otras.

Conocer las distintas realidades que se atienden en la misión y experimentar la “Iglesia en salida” de la que nos habla el Papa Francisco, salir a las periferias para anunciar el rostro de Cristo, fue la gran realidad para Javier Rodríguez, uno de los nueve seminaristas del Seminario Conciliar San Pelagio. Javier aseguró durante los días en los que se encontraba en Perú que estaban siendo unos días “llenos de gracia y de la alegría del Evangelio, alegría que está patente en el sufrimiento, en la pobreza y en la sencillez más absoluta”. Los seminaristas se están acercando a Jesús gracias a cada una de las personas que han ido conociendo.

Desde 2007, que fue cuando comenzó esta experiencia misionera, son muchos los seminaristas que han participado en ella, muchos de ellos son ya hoy sacerdotes diocesanos marcados por una experiencia única en la que se experimenta la grandeza de la fe y la sed de Dios que tienen los hermanos peruanos.