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“Ser cristiano es la alegría de la vida”

Los jóvenes cordobeses de la JMJ celebraron la misa de envío presidida por el Obispo días antes de comenzar el viaje para encontrase con una “Iglesia Universal, joven y alegre”

La Iglesia es Universal y joven, esa es la constatación que el Obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, adelantó a los jóvenes cordobeses participantes en la próxima JMJ de Lisboa, congregados el pasado domingo, 9 de julio, en la Catedral de Córdoba junto a los sacerdotes, delegados diocesanos de Juventud, capellanes y familiares para celebrar la misa de envío.

La celebración comenzó con el canto interpretado por el coro de la Delegación de Juventud que proclamaba “qué bonita es la Iglesia”, y esas fueron las primeras palabras del Obispo al dirigirse a los jóvenes en la homilía, a los que trasladó la importancia de las Jornadas Mundiales de la Juventud para descubrir la naturaleza de una Iglesia formada por millones de jóvenes.

A todos invitó a vivir en la eucaristía del domingo y de cada día para prepararse intensamente en la oración, mientras les separan unos días para llegar a Portugal, primero en los llamados “días de la Diócesis”, con la celebración de encuentros, catequesis y sacramentos en la diócesis de Aveiro. Después, está previsto el encuentro de cincuenta mil jóvenes españoles con obispos y sacerdotes ya en la capital lusa, donde finalmente se celebrará la vigilia de oración para encontrarse con el Papa Francisco.

La diócesis de Córdoba ha organizado esta peregrinación de 1.300 jóvenes cordobeses a Lisboa para participar en la JMJ. En este domingo, el Obispo les expresó que este viaje será “un momento precioso de vuestra vida cristiana” y también les adelantó que la dimensión comunitaria les permitirá un contacto con la Iglesia Universal, ya que jóvenes del mundo se ponen en camino para crecer y pedir a Jesucristo que aumente su fe.

El Obispo llamó, finalmente, a los jóvenes a seguir la actitud de disponibilidad, prontitud y servicio de la Virgen María que sin demora se puso en camino para encontrarse con su prima Isabel y anunciarle el nacimiento de su hijo, Jesús. La eucaristía terminó con la bendición solemne a los peregrinos que, posteriormente, se reunieron en el Obispado para recibir algunas indicaciones sobre logística y preparativos de la peregrinación.