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Entrevista a Francisco Ramirez Chamizo

“Quise ser uno más entre la gente”

Hay sacerdotes que dejan huella en el corazón, son aquellos que habitan recuerdos y vivencias de sus vecinos. Es el caso de Francisco Ramírez Chamizo, que estuvo al servicio de la parroquia de San Francisco y San Rodrigo de Cabra entre el año 1962 y hasta hace tan solo cinco años. Es ahora cuando recibe el homenaje de los egabrenses. El ayuntamiento de Cabra va a rotular una calle con el nombre de “Párroco Francisco Ramírez Chamizo” como muestra de gratitud al sacerdote. Él fue el primer párroco de este templo, que ahora celebra el Año Jubilar con motivo del cincuentenario de su consagración. El lugar escogido se encuentra en la Barriada de Virgen de la Sierra muy cerca de la parroquia en la que Francisco ejerció su ministerio durante medio siglo

¿Cómo fueron sus comienzos en su ministerio?

Estuve primero el Priego, después a las aldeas de La Carlota y yo le pedí al Obispo que me mandara a algún sitio en el que yo pudiera tener más trabajo. Me mandó a Cabra y he tenido trabajo sin descanso, pero bendito sea Dios que ves el fruto. Yo estoy aquí por y para los vecinos.

¿Se hace usted a la idea de pasear por la calle que lleva su propio nombre?

Me da vergüenza, no espera nada, los curas cuando nos hacemos curas sólo esperamos ganar el cielo. No es una necesidad que nos hagan homenajes.

Después de cincuenta años como párroco en la Barriada ¿cómo es la feligresía de San Francisco y San Rodrigo?

Es un barrio grande con más de ocho mil habitantes, gente trabajadora, de campo, hay diferencia entre los mayores y los que empiezan, es normal y necesario, los que empiezan tienen que aprender de los que se van.

¿Ha cambiado la manera de vivir en estos cincuenta años?

Ha cambiado mucho. Va un abismo el pueblo en el que estoy ahora al que llegué cuando el Obispo me destinó este barrio. La gente tuvo la suerte de que la política se interesara en hacer viviendas porque la gente humilde no tenía. Hoy todo el mundo tiene su casa y su trabajo. El sacerdote ha tenido la suerte de que ha encajado en el ambiente del barrio y es importante que el cura se ponga a la altura que necesita el barrio.

¿Ha cambiado la manera de dirigirse las personas a la parroquia?

Sí, mucho porque ahora tienen confianza en el sacerdote. Ahora con Mario González cuando me preguntan le digo que es una bendición de Dios para el barrio. Aquí no había Iglesia cuando yo llegué y ahora está llena. Tenemos que estar contentos de ver cómo ha progresado el barrio, hoy por hoy se sienten cristianos.

Ha cumplido sus bodas de oro sacerdotales, ¿cómo podría definir estos cincuenta años?

Desde el principio quise ser uno más entre la gente y he procurado comportarme así. A Mario le está ocurriendo lo mismo, cuentan con él como sacerdote, quizá gracias a la labor que se ha venido haciendo antes.

Hace cincuenta años en sus comienzos habrá sentido la soledad y que el esfuerzo no daba sus frutos ¿qué recuerdo tiene?

No tengo palabras para agradecerle a Dios cómo nos ha ayudado porque aquí ha estado la mano de Dios, no cabe duda, y eso hace mucho. Aquí hay una cosa hermosísima, la devoción a la Virgen de la Sierra, que es la patrona, en todos sitios está presente y la gente le reza en sus casas.