Skip to main content

Entrevista a la Orden de Malta

«En Lourdes Dios levanta las almas caídas por el dolor y la enfermedad»

Cada año, el primer fin de semana de mayo, la Orden de Malta se pone en camino y sus 900 años de historia al servicio de personas enfermas que ven cumplido así el anhelo de mirarse en María, presentar su dolor y regresar sabiendo que no están solos.

Anualmente unas 7400 personas, llegan al santuario mariano de Lourdes, en la peregrinación más importante que realizan, solo alterada por la pandemia y que supera ya las sesenta ediciones. La Orden de Malta acompaña a 1.300 enfermos en esta peregrinación mundial en la que participan voluntarios cordobeses, junto a más de 250 voluntarios de todo el mundo que acompañan a 55 peregrinos en situación de dependencia procedentes de Andalucía, Cantabria, Cataluña, y de las Comunidades Autónomas de Madrid y Valencia.

Conocemos este camino que sitúa al enfermo en el centro de sus hermanos y frente al amor maternal de María, para eso contamos con María José que es hospitalaria de la Orden de Malta y Javier, voluntario y el capellán de la Orden para Andalucía Occidental, Pablo Lora.

¿Cómo y cuándo empieza a prepararse una peregrinación de estas características?

María José: nosotros desde Andalucía vamos en avión desde Sevilla hasta Bilbao y desde allí en autobús hasta Lourdes. Los preparativos comienzan en diciembre y en abril se abrió la inscripción. Además, nos preparamos con cursos de formación de primeros auxilios y con nuestros invitados, los chicos de Cruz Blanca de Córdoba.

¿Cómo surge en vosotros esta vocación por el cuidado de la persona enferma?

Javier: La Orden de Malta tiene vocación de hospitalidad desde su nacimiento y personalmente, en cada uno de nosotros es una cosa que ha ido creciendo y desarrollándose en el contacto con las actividades de la Orden y el contacto con los enfermos.

María José: desde muy joven había hecho promesa de ir a Lourdes con enfermos. Cuando mis padres ingresaron en la Orden me uní. Con dieciocho años y sin conocer a nadie fue una experiencia reveladora.

Para eso se necesita la guía del sacerdote, en este caso el capellán de la Orden, Pablo Lora? ¿Cuál es su papel en este proceso y el camino a recorrer juntos?

Pablo: El camino a recorrer es el camino de María, el camino del Sí. Unos deciden venir a la peregrinación y en ese camino del sí se encuentran con María y de María se encuentran con Jesús. Es una peregrinación porque siempre es un encuentro con Dios, con el hermano, pero también con su enfermedad para aceptarla como cruz de cada día, que el Señor ha querido darle en su providencia y también con los demás hermanos, que de manera voluntariosa le sirven con mucho amor y caridad y también con otros enfermos, con los que comparten la cruz de la enfermedad.

Es un ambiente de mucha comunión que hace crecer en la fe pero también un crecimiento personal para poderse acercar al misterio de la cruz de una manera más plena

Una vez allí, ¿qué ocurre? ¿cómo se desarrolla la jornada?

Javier: en el día a día nosotros estamos pendientes de acompañar y atender a los invitados que llevamos. Desde por la maña les ayudamos a vestirse, a organizar la habitación, el desayuno y los llevamos a las distintas actividades del día, almuerzo, eucaristía y adoración del Santísimo. El día más importante es el del baño en la piscina de Lourdes y lo viven con mucha fe, esperanza y emoción.

La sonrisa y el agradecimiento de los invitados es lo que más te llama la atención y te llega al corazón.

¿Hay alguna preparación especial para los peregrinos?

Javier: nosotros los tratamos durante todo el año. Los hermanos de la Cruz Blanca están muy cerca de Dios y eso se nota, al igual que notas que están rodeados de amor. A mí fue lo que más me sorprendió cuando los conocí.

¿Qué hay en el corazón de la persona que quiere peregrinar a pesar de la incapacidad física, el dolor, la medicación…?

María José: ellos van contentísimos porque sienten el gran cariño de la Virgen allí y el de todos los voluntarios que los acompañamos. Ellos son el centro de esta peregrinación y son conscientes de dónde van y lo disfrutan mucho.

La Orden de Malta no se detiene, esto es una peregrinación anual, pero el resto del año estáis muy cerca de aquellos que peor lo pasan

María José: nos gusta hacer dos peregrinaciones al año y además tenemos otras actividades de ayuda a los necesitados, que aquí en Córdoba son los desayunos solidarios. Tenemos una nueva sede y queremos ampliar los proyectos con apoyo escolar, asesoría jurídica, todo encaminado a ayudar a la persona en situación de vulnerabilidad.

¿Para un sacerdote éste es un camino muy importante?

Pablo: encontrarse en un Santuario de este tipo al que peregrina tanta gente y se “masca” la fe el sufrimiento y el dolor por parte del hombre, pero también el levantamiento que Dios hace de esas almas caídas por el dolor y la enfermedad gracias a la gracia que el Señor derrama en tantos corazones a través de la confesión, la eucaristía, la adoración al Santísimo, el rezo del Rosario, siempre es como un “chute” de espiritualidad. Más aun en el mes de mayo, el mes de María.