Skip to main content

X Marcha Misionera de Córdoba

By 20 de abril de 2023831

MIGUEL DAVID POZO LEÓN

«Los jóvenes ven que es posible la fe en comunidad y siguen caminando»

Los jóvenes participantes en la X Marcha Misionera de Córdoba quieren ser pequeñas gotas para el océano de la madre Teresa de Calcuta, aquellas con las que la Fundadora de las Misioneras de la Caridad nos decía que se cambiaba el mundo.

Este año, enarbolando su nombre y su espiritualidad, se hará posible el sueño de partir desde el santuario de Nuestra Señora de la Sierra de Cabra, aplazada durante dos años a causa de la pandemia. Jóvenes de toda la Diócesis se ponen en marcha en un encuentro que trasforma vidas y contagia alegría, la que viene del compromiso de querer cambiar; de salir del terreno del tedio y del cansancio y brotar en comunidad joven, decidida y entusiasta. El párroco de la Parroquia de Santa Luisa de Marillac, al frente de la organización, los acompaña en esta edición que culminará el sábado 22 de abril con la eucaristía presidida por el Obispo de Córdoba

¿Por qué se elige este enclave mariano para la X Marcha Misionera?

Estaba decidido antes del Covid, que lo paró todo. Ha habido que reactivarlo y darle alguna novedad. Estaba todo preparado desde 2020, luego la Virgen quería que llegásemos, aunque fuera un poco más tarde, pero que no dejásemos de llegar a ese enclave. La Marcha Misionera elige al detalle su destino, cualquier cosa está muy cuidada porque está pensada para que el joven pueda decir “sí” durante la marcha.

¿Qué significa la Marcha Misionera para los jóvenes en el contexto diocesano en el que nos encontramos?

Un encuentro de jóvenes que supone unir a jóvenes de distintos lugares con el motivo común de la fe es una novedad y una urgencia, la marcha da la oportunidad de que la urgencia se siga haciendo nueva. Los jóvenes tienen un poso interior de búsqueda muy grande y la Diócesis y la Delegación de Misiones tiene la oportunidad y la obligación de darles esa ocasión, luego es único el estar con un número grande de jóvenes que celebran la fe. Los jóvenes celebran muchas cosas pero no celebran una fe profunda; la marcha misionera ofrece, sin embargo, una catequesis previa que requiere implicación, empiezan rezando, hablan, confiesan, son catequizados y celebran el sacramento de la Eucaristía. Es una intensidad fuerte y vuelve trasformado.

¿Cuáles son los sentimientos que se dan cita durante la Marcha Misionera?¿Cómo lo manifiestan?

Un joven cuando celebra lo hacen con el componente de la alegría. Los mayores tenemos que maquillarnos de alegría, mientras que el joven ya sube alegre al autobús. Cuando le explicamos quien es Carlo Acutis o Maximiliano Kolbe o Made Teresa, lo acogen con tanta alegría que nos van contagiando, porque es la alegría de algo más profundo, la que viene del encuentro con Dios. Se va creando un “ser misionero”, un “ser testigo”, uno de otros durante el día, no hay  cabida  para la dispersión por la programación de la jornada y acaba en una Eucaristía preciosa, sentida, un final de marcha que representa poder reengancharse porque ven que es posible la fe en comunidad y acaban buscando en movimientos, o en sus parroquias para seguir caminando.

¿Cuántas cosas puede decir madre Teresa de Calcuta a los jóvenes de hoy?

Es tan sencilla que con tan pocas palabras que llega de inmediato a los jóvenes, los chicos de la técnica, saturados de imágenes y mensajes. Con tres palabras los pone en la situación de saber lo que Dios les pide. El “tengo sed”, con la que queremos que parta la oración de la mañana y el mismo lema “tú eres esa gota”, son muy importante para un joven porque suponer asumir esa responsabilidad, una responsabilidad que no rehúyen porque cuando un joven se convierte en actor se crece y busca como seguir haciéndolo.

¿QUÉ SIGNIFICA LA MARCHA MISIONERA?

UN ENCUENTRO QUE SUPONE UNIR A JÓVENES DE DISTINTOS LUGARES CON EL MOTIVO COMÚN DE LA FE; ES UNA NOVEDAD Y UNA URGENCIA. LA MARCHA DA LA OPORTUNIDAD DE QUE LA URGENCIA SE SIGA HACIENDO NUEVA

Hay mucha fuerza en la juventud, pero también muchas heridas nuevas, ¿cuáles son?

Como sacerdote, formador y educador, la herida más profunda es que son lineales. Ningún joven destaca por nada, todos escuchan lo mismo, sufren por lo mismo, esperan lo mismo…no hay ejemplos entre ellos en los que puedan mirarse. Cuando hacemos una marcha rompemos con el sentido de caminar todos en un sentido, sino que subimos montes o bajamos cuestas para que físicamente rompamos con lo que un chico hace un sábado libre. Esos días llega como mucho al deporte, lo demás es refugiarse en Instagram o Tik Tok, pasan la mañana en un chat para ver qué hacer por la tarde, después hacen resumen de imágenes de lo hecho y realmente no han hecho nada que les reporte una meta noble, distinto, que les llene. La herida de la juventud es que no esperan nada: esperan solo al día siguiente para hacerse otro selfie.

¿Eres testigo de la trasformación de un joven cuando se encuentra con Cristo?

Soy receptor y “consumidor” de esa alegría porque la savia que te da un joven que dice “sí” te permite seguir siendo joven. Hace algún tiempo me reuní con un grupo de seminaristas y religiosos que habían trabajado durante algún tiempo en Santa Luisa y me dijeron que a pesar de mi edad, me veían joven. Al principio casi me ofendió, pero después me explicaron que me veían con una fuerza que parecía que tenía 20 años. Es cierto, esa fuerza se renueva por la vida de oración, la vida sacerdotal, pero se recrea cuando estás con jóvenes, estar con un joven te llena de arrojo, descaro y pasión, factores que deberían estar presentes siempre en un evangelizador, pero que se nos escapa porque no vamos como los jóvenes y nos desgastamos. Nos ponemos a andar de manera lineal y a la creatividad la dejamos en el cajón de abajo.