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“Estamos en un momento muy bello de la Semana Santa”

ANTONIO BERNAL

IMAGINERO

Antonio Bernal es un gran valor de la imaginería cordobesa desde los años noventa, cuando decidió entregase a su vocación artística sin condiciones. Ese escultor cordobés, imaginero prestigioso, que ha sido fiel a una vocación desde joven, una pasión que defiende con maestría, tanto que asegura que la imaginería es la máxima expresión de la creación. Concibe su oficio como un compromiso porque a través de la belleza de sus imágenes, muchas personas viven su sentimiento religioso y el cristianismo asume una dimensión pública enraizada a la tierra. Ha sido protagonista esta cuaresma cuando al contemplar el rostro del Cristo de la Piedad, bendecido por el Obispo en la Catedral, hemos vuelto a comprobar la paz de Jesús en la cruz tras haber muerto para nuestra salvación. Todo estaba cumplido en la expresión dulce y serena de su rostro sereno y bello. Hablamos con el hombre que ha cincelado la imagen con el que el Barrio de Las Palmeras vivirá plenamente la muerte en la cruz de Jesucristo

¿Cómo se enfrenta un artista a la creación de una imagen que concentra la devoción de todo un barrio?

Este encargo fue un reto y una ilusión doble para mí. Primero porque era hacer un crucificado para mi tierra, para Córdoba. Presentarme con un crucificado representa un culmen a toda mi producción artística. Es un reto para mí también en tanto que iba al Barrio de Las Palmeras, muy especial por la manera que tienen de mostrar su cariño a la religión, de modo sencillo y humano. Todo me cautivó, me dije: hay que echar el resto. Me tocó el corazón. Mi imaginación se pone en marcha  y comienzo a ver el motivo del encargo. La imagen anterior está hecha en un material muy frágil que ya ha tenido varias restauraciones. Cambiar una imagen es muy difícil, más para una devoción como la que existe en el Barrio de Las Palmeras, que está por encima de todo.

¿Cuál ha sido el proceso creativo del Cristo de la Piedad?

El Vicehermano Mayor, junto a la Hermana Mayor, tienen mucho empuje y se presentaron para enfocarlo juntos. Determinamos que íbamos a tener en cuenta el Cristo que han venerado siempre para no perder su identidad, buscar la referencia de su postura y de su mirada, que la piedad estuviera presente. Hice el boceto en un dibujo y tras los primeros contactos, le di forma en volumen modelado y lo presenté: esto ya les caló. Ya veían a su Cristo. En una mayoría gustó y yo comencé a verlo, a partir de volumen y cierta medida. Ya veía esa expresión de Cristo en la cruz llena de serenidad y dulzura, que trasmite paz; era una muerte aceptada y cumplía con la misión de redimir al hombre. En el barro ya estaba esa mirada y los hermanos de la hermandad de Las Palmeras lo supieron ver.

¿Es siempre su última obra la que más queda en su corazón y en su cabeza?¿a qué otras creaciones suyas recurre cuando inicia un nuevo proyecto?

Siempre a la última creación, quizás por tener más horas de estudio y trabajo, le tomas mucho cariño. En este caso, al ser un crucificado para Córdoba suponía un reto y esa ilusión lo pone todo en valor. Es un compromiso muy grande que necesitas ir asumiendo en todos los sentidos.

Un compromiso que también se crea con la propia hermandad después de tanto tiempo en conversaciones…

Se llega a crear una amistad, un vínculo para siempre. Ha ocurrido con otras hermandades como en Elche o Murcia, con las que seguimos en contacto; nos une la belleza y los sentimientos que compartimos para siempre.

¿Cómo ve que en lugares como Murcia o Coruña haya días de la Semana Sanat en que su obra sea protagonista?

Es un orgullo grande, la mejor compensación es esa, es para lo que está hecho. Las personas conciben tu imagen de un  modo espiritual y eso es muy grande. Ellos le dan ese valor y tú se lo das de otro modo. Te das cuenta después, cuando lo entregas y ves su asombro y su manera de tratar la pieza, entonces pasa a otra dimensión: ya es Jesucristo.

¿Qué ha sentido al presenciar la bendición del Cristo de la Piedad en la Catedral de Córdoba?

Son momentos grandes en mi trayectoria artística, no se olvidan. Comprobé el apoyo del barrio y de las cofradías y recibí las palabras de don Demetrio, que me habló con gusto de la obra, me hizo preguntas sobre su expresión, se interesó por el estudio de la Síndone para crearla, me agradeció mi trabajo…me sentí muy orgulloso, la verdad.

¿Cómo vive usted la cuaresma y la Semana Santa? ¿Viaja para contemplar algunas de las procesiones que llevan su sello?

Vivir esos momentos con la gente con la que has tenido contacto es muy bonito. Me gusta compartir con ellos la salida del Resucitado de Montemayor, por ejemplo…me encanta ver la pasión en la calle, aunque sea en un pueblo pequeño que ir a Zamora o Valladolid; disfruto mucho, es mi semana fuerte, grande. La disfruto mucho en familia. Con las personas que quiero.

¿Cuál es el estado de salud de la imaginería cordobesa?

Pienso que estamos en un momento importante. A partir de los años 80 empieza a moverse la Semana Santa de una manera muy especial en cuanto a creatividad artística, también patrimonial y devocional. La juventud se desvive por la Semana Santa, hay muchas implicaciones en muchos campos, el de la música o del costal. Estamos en un momento muy bello de la Semana Santa con artistas nuevos que han surgido con fuerza y ganas de trabajar. Nunca se acabará está en su momento más importante, lo sigo viviendo desde los años 90 cada día va a más, cada vez con más resonancia y valor.