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«Dios me regala un ministerio y me invita a entregarme a Él»

By 2 de diciembre de 2022812

Juan Yersin Méndez Ozuna

ORDENANDO DE DIÁCONO

Juan Yersin Méndez Ozuna será el nuevo diácono de la diócesis de Córdoba. A sus 27 años y tras 9 años de formación en el Seminario Misionero Redemptoris Mater “San Juan de Ávila”, el obispo de Córdoba, monseñor Demetrio Fernández, le administrará el diaconado en una celebración que tendrá lugar el jueves, 8 de diciembre, solemnidad de la Inmaculada Concepción, en la Santa Iglesia Catedral.

Para Juan Yersin sus años de formación y, especialmente los que vivió en misión, le han permitido salir de una profunda timidez y comprobar que había una persona que lo quería por encima de todas sus debilidades, Dios. Una persona y una comunidad que lo han acompañado durante todo este tiempo en el que ha podido “abandonarse a la mano de Dios” y entregar su vida al servicio de Dios y de su Iglesia.

¿Cómo nace en ti la vocación?

La vocación nace en mi adolescencia. Cuando recibí mi Primera Comunión tenía 11 años. Fue gracias a mi abuela materna que fue la que me inculcó la fe, porque mis padres eran católicos pero no practicantes. Empecé siendo monaguillo y después conocí a las Comunidades Neocatecumenales con 13 años. Yo siempre he sido una persona tímida y encerrada en mí mismo porque sufrí bulling por mi forma de hablar, no hablaba bien. Cuando empecé las catequesis fue un cambio en mi vida, ya que gracias a una comunidad de hermanos me sentí querido, acogido y aceptado. Ahí vi que no era distinto a los demás, ahí Dios me anunció que me quería como yo era. Después, con los años descubrí el Seminario, comprobé que Dios me llamaba y me quería, me impulsaba a querer anunciar su amor por todo el mundo y ahí empezó mi verdadera vocación.

Yo no quería entrar en el seminario en sí, pero al final el Señor se vale de poco y entré al Seminario en el año 2013, después, en 2014 estuve en un proceso pre-vocacional porque quería ser misionero y anunciar en China o en África a Jesucristo. Precisamente durante este proceso pre-vocacional, al final vi que el Señor me estaba llamando a algo más, a ser misionero desde el sacerdocio. Entré en 2013 y me destinaron a Córdoba en 2014.

¿Cómo te has preparado este tiempo para tu ordenación?

Durante estos años de Seminario he visto un proceso de cambio, pero mi momento clave, donde he podido abandonarme a la mano de Dios, ha sido en mi tiempo de misión.

Estuve 3 años haciendo una formación itinerante en pueblos de Córdoba como Albendín y Valenzuela, también en Jaén acompañando a las Comunidades y durante estos dos años, he estado con un equipo itinerante en la región de Extremadura. Esto para mí ha sido un sello, porque me han enseñado a vivir la vocación desde otra perspectiva.

Yo tenía mucho miedo a decirle sí al Señor, no me veía seguro por mis dificultades y mi problema, pensaba que para hacer la voluntad de Dios había que dar la talla, ser un seminarista perfecto, alguien que hable perfectamente y proclame genial, pero he visto que Dios me ha puesto unas limitaciones y con esas limitaciones me ha llamado. Por eso, yo he querido aceptar esta llamada y abandonarme en sus manos, porque el Señor va delante de mí, yo no voy solo, voy con él y con mi comunidad que me sujeta en esta nueva etapa en mi vida.

¿Qué es el diaconado para ti?

Es un ministerio que Dios me regala y es un servicio en el que el Señor me invita a entregarme totalmente a Él y a su Iglesia. En cada fiel, adultos, niños, adolescentes, con los pobres… un servicio en el que el Señor me invita a darlo todo, eso es a lo que Dios me está llamando.

¿Cuáles son las cualidades que debe tener un sacerdote para ti?

El sacerdote debe ser, en mi opinión, una persona abierta a todos, prestar atención a los más desfavorecidos que para mí son los enfermos, estar con los jóvenes, acompañarlos y animarlos, no dejarlos solos, estar con los matrimonios que es una vocación que actualmente está siendo muy atacada por nuestra sociedad, en definitiva estar acompañando a los fieles que es donde tiene que estar el presbítero. Pero sobre todo, el sacerdote tiene que tener como cualidad fundamental la intimidad con el Señor y tener amor, como nos recuerda San Pablo. Tenemos que experimentar en nuestra vida ese amor de Dios y poder hacer aquello a lo que estamos llamados, dar la vida por los demás.

¿Cómo te gustaría que te viera la gente cuando seas sacerdote?

Que me vean como una persona normal, porque es cierto que muchas veces la gente ve a los sacerdotes como una persona lejana y yo quiero que me vean cercana, que estén conmigo, que me acompañen. Es cierto que nosotros como sacerdotes estamos con las personas, pero necesitamos también que las personas estén con nosotros, por eso, para mi estar en una comunidad cristiana es fundamental, no solamente para mi vocación sino para mi vida como cristiano. Un cristiano no debe estar nunca solo.

¿Tienes a alguien como ejemplo de sacerdote?

Tengo muchas personas, pero concretamente cuatro han influenciado mucho en mi vocación y en distintas etapas de mi vida. Al estar en el Seminario Misionero he estado con varios curas y entre ellos destaca mi primer párroco, que fue el que me acercó a la Iglesia y al que le estoy eternamente agradecido por llevarme a ella. Otro fue el que me llevó a las Comunidades Neocatecumenales, porque viendo mis dificultades y que siempre estaba solo, me llevó a esta comunidad de hermanos. Otro ha sido el que me ha acompañado este tiempo hasta que entré en el Seminario, un presbiterio de Huelva. Y por último, al presbítero que durante estos dos años en los que he estado de misión en Extremadura, me ha ayudado un montón en mi vida y en mi proceso de misión, porque yo en este tiempo he vivido momentos de incertidumbre, de tristeza y crisis y él me ha hablado desde la sinceridad y me decía algo que siempre tendré presente, que tengo que abrazar la cruz y aceptar lo que el Señor me pone delante. Para mí eso es fundamental y eso es lo q me acompaña en esta nueva etapa, mi cruz, lo que soy.

¿Con que te quedas de este tiempo de seminarista?

Este tiempo de Seminario para mí ha sido un regalo de Dios. Estos 9 años han sido fundamentales para mi vida porque el Señor me ha ido hablando e indicando el camino. También importante para mí ha sido la oración, rezar todos los días, todas las horas con mis compañeros y la dignidad con la que se prepara la Liturgia.