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«La concatenación de crisis nos lleva a pensarnos distintos como sociedad»

By 11 de noviembre de 2022809

Sebastián Mora

Exsecretario general de Cáritas Española

DOCTOR EN SOCIOLOGÍA Y LICENCIADO EN FILOSOFÍA DE LA UNIVERSIDAD PONTIFICIA DE COMILLAS. EXSECRETARIO GENERAL DE CÁRITAS ESPAÑOLA

La pobreza y la precariedad matan. Con este contundente título ha presentado en Córdoba su ponencia el profesor Sebastián Mora en el marco de las actividades organizadas en torno a la VI Jornada Mundial de los Pobres. Este doctor en sociología y licenciado en Filosofía de la Universidad Pontificia de Comillas ha sido secretario general de Cáritas Española y ha mirado muchas veces a los ojos a las personas pobres, invitado por la HOAC, define un cambio necesario ante la crisis global que produce una pobreza cronificada: dar lo que también necesitamos porque disfrutar de bienes y servicios es un privilegio.

“El mensaje de Jesús nos muestra el camino y nos hace descubrir que hay una pobreza que humilla y mata, y hay otra pobreza, la suya, que nos libera y nos hace felices”. Esta es una frase extraída del mensaje del Papa con motivo de esta jornada; en su ponencia, usted incluye también la palabra precariedad, ¿qué significa esto?

La precariedad es un término sociológico acuñado hace algunos años que viene a definir no solo la carencia concreta de necesidades básicas para la vida, con al cual podemos definir la pobreza, sino una fragilidad social que nos hace estar en vulnerabilidad extrema, en un riesgo de caer en pobreza; representa una arquitectura vital que ante cualquier eventualidad –enfermedad, pérdida o cambio de trabajo, una situación familiar- estamos tan en el alambre, que caemos en la pobreza. La precariedad significa una vulnerabilidad social amplia, no solo aquellas personas que catalogamos en pobreza, sino a toda la sociedad que cada vez más aumentan su riesgo de caer en pobreza. Por eso se habla de vidas precarias, que son esas vidas que están en el “alambre” por la situación social que viven. Se ha trabajado mucho desde el ámbito del empleo. En él se detectan personas con empleos tan frágiles, bajos salarios y temporalidad extremo, que me sitúa en el riesgo de estar en pobreza. Son los llamados trabajadores pobres. Esta precariedad social se ha incrementado mucho en los últimos años además de la pobreza severa o extrema.

Me parece muy interesante la reflexión del Papa sobre una pobreza que libera, la de Jesús, y una pobreza que humilla, hiere y mata a la persona. Estamos en un momento clave para pensar esos dos dinamismos de la  pobreza y ver las interrelaciones entre la pobreza voluntaria por solidaridad y compasión con los otros y la pobreza involuntaria que humilla y mata

Ha cambiado el perfil de las personas que sufren la pobreza en estos años donde la tecnología lo domina todo?

Sí, ha cambiado mucho el perfil porque desde la crisis del 2009, desde la gran recesión, después con la crisis pandémica, y ahora con la crisis global-energética-recesionista como consecuencia de la guerra de Ucrania y otros hechos sociales y económicos, la pobreza se ha extendido, se ha hecho más intensa, más grave en muchas capas de la población y se ha hecho más crónica, es decir, los periodos de crisis generan un alto número de personas en pobreza, que los periodos de bonanza no logran a tajar, con lo cual el perfil se ha ampliado, se ha agravado y se ha cronificado. Por eso hablamos de una sociedad frágil, desvinculada, cada vez más precaria. Solo el 50% de la población vive con una integración más o menos plena. La mitad de la población vive en ese ámbito de la vulnerabilidad y la fragilidad; por lo tanto, la pobreza ha ido cambiado de rostro desde esa mayor extensión,  una mayor intensidad y mayor afectación de las condiciones de pobreza y una mayor cronicidad: permanencia en el tiempo de las condiciones de pobreza.

El Santo Padre invita a “compartir lo poco que tenemos con quienes no tienen nada, para que ninguno sufra” ¿estar permanentemente comunicados nos permite tener más conciencia?

Las redes sociales son tremendamente paradójicas y ambivalentes. Tenemos información amplia, instantánea, pero las redes sociales, además, son grandes plataformas de ocultación del sufrimiento, la injusticia y el dolor. De alguna manera nos permite estar conectados con la realidad y al mismo tiempo nos alejan de la realidad, por eso es muy difícil situarnos desde una dimensión ética ante el mundo virtual. Por un lado son capaces de generar una vinculación amplia con la realidad y por otro nos separa de la misma. Tenemos más datos sobre la pobreza, pero seguramente no tenemos más sabiduría sobre la pobreza, no tenemos más empatía con las personas que sufren la pobreza y, seguramente, desconocemos el rostro de las personas que sufren pobreza. Este es un reto de la Iglesia: lejos de alejarnos debemos, como dice el Papa, tocar la carne sufriente del que sufre pobreza. Las redes sociales no pueden ser sustitutivos de la experiencia humana que toca y es tocada por la pobreza, la injusticia y el dolor.

El papa recuerda que la caridad “no es una obligación sino un signo del amor, tal como lo ha testimoniado el mismo Jesús, quizás el miedo ante la situación de inestabilidad global termine por mermar la caridad, la ayuda que necesitan los pobres?

Ante una situación compleja, de incertidumbre existencial grande, de una perplejidad ante los procesos sociales, nos hace recluirnos en nuestras propias seguridades. Ante la tempestad social es muy humano cobijarnos. La incertidumbre que acecha cada día, ante una realidad que parece cada vez más evidente sobre que a mí me puede afectar la pobreza, puede haber un cierto cerramiento en lo propio, en uno mismo, en la familia, en los próximos, en los amigos y olvidarnos de la realidad global, pero de otro lado, cuando la crisis es muy intensa, también hay corazones que saben ver la realidad. Como decía el Papa Francisco, “el programa del cristiano es un corazón que ve” y que sabe ver y sentir la realidad y ser solidario. Estamos entrando en una época en la que el mensaje evangélico tiene que calar ya no solo en los cristianos, sino más allá de los creyentes cristianos, porque estamos acostumbrados a una solidaridad redistributiva: damos los que nos sobra. En el futuro, el adjetivo d la solidaridad va a ser una solidaridad de renuncia desde el compartir. Debemos preguntarnos, ¿a qué estás tú dispuesto a renunciar para que otros tengan? La concatenación de crisis, lo que nos lleva es a pensarnos distintos como sociedad y a pensar radicalmente que si tengo bienes y servicios, ya no son un servicio, sino un privilegio, porque hay millones de personas que no lo tienen. La pregunta que surge del Evangelio es ¿Qué estás dispuesto a compartir aunque sea de lo necesario para ti?