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La libertad de decir “sí” a Dios

Dar testimonio con el matrimonio

Hasta Santiago de Compostela se marcharon en julio Juanan y Marta. Peregrinaron junto a 400 jóvenes cordobeses, y allí se encontraron con doce mil jóvenes europeos en la Peregrinación Europea de Jóvenes. Todos buscaron una experiencia de fe compartida y un encuentro con el Señor. Esa alegría es para Juanan y Marta preludio de un gran acontecimiento porque allí, entre caminatas y pies doloridos, Juanan pidió matrimonio a su novia, Marta

Vosotros sois novios dispuestos a vivir el matrimonio cristiano, ¿qué significa esto en vuestras vidas?

Para nosotros es decir un sí al Señor y tenerlo presente en nuestro día a día. Es una manera de compartir la fe, unidos, si Dios quiere, en una familia y dar testimonio a partir del sacramento del matrimonio.

¿Por qué elegisteis el Camino de Santiago para comprometeros?

Fue algo providencial, conociendo la vida del Apóstol, él confía plenamente en la Virgen y le dice un sí, en ese momento me arrodillé ante Marta y le pedí matrimonio aceptando ese sí con todo lo que supone el sacramento del matrimonio.

Marta eres una joven privilegiada, no muchas jóvenes tienen ese dato en su biografía, ¿cómo lo viviste?

Con muchísima emoción. Nos preguntaban que si habíamos pasado mucha vergüenza, y para nada. Fue un momento muy especial ante las plantas del Apóstol Santiago y muy emocionada. Dentro de todo lo que supone el matrimonio, estamos muy tranquilos porque tenemos a Dios en nuestra vida.

Una relación perdurable, única, necesita confianza en Dios por vuestra parte, ¿cómo lo hacéis? ¿Cómo vivís ese día a día?

Sabemos que es un noviazgo de tres, nosotros dos y Dios, y tenemos claro que no todo será fácil pero en los momentos buenos y en las dificultades nos va a acompañar Dios y estamos seguros del paso que vamos a dar.

Juanan con la adversidad hay que contar, ¿verdad?

El Camino de Santiago nos ha hecho ver que la vida no es sencilla sino que hay que ir caminando juntos pero con dificultades. La fe te da la fuerza y te impulsa en el día a día.

¿Qué les diríais a otros jóvenes que también quieren hacer de su noviazgo un camino de construcción en la fe con la ayuda de Dios?

Lo primero, que no tengan miedo, que sigan adelante y confíen en el Señor y que participen de una vida cristiana, en comunidad parroquial, cerca de Dios.

Y a esos otros jóvenes que entienden el compromiso como un cerrar ventanas hacia la libertad ¿qué le diríais?

No hay mayor libertad que decir un sí a Dios, que nos quiere a cada una tal y como somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes. De eso aprendemos mucho de cara al matrimonio, no se trata de tener al lado una persona perfecta sino de querer a la persona que tienes al lado con sus cosas buenas y malas, en sus momentos de dificultad, de alegría. No es una ventana cerrada, es una puerta abierta al misterio tan grande que nos espera.

¿Qué papel juegan los sacerdotes que os acompañan que conocen vuestra relación desde el principio?

Un papel muy principal, unos novios tienen que tener un cura en su vida. Estamos convencidos que parte del éxito de nuestro noviazgo está en compartir nuestra vida espiritual con un sacerdote, que nos guía y es una referencia en muchos momentos.

Aparte de vuestro compromiso, que se quedará en vuestra memoria para siempre, ¿qué otra experiencia traéis del Camino de Santiago?

Lo hemos vivido con la alegría de conocer una Iglesia joven, que dice un sí enorme a Cristo y a su madre. La Iglesia está muy viva y es impresionante ver a tantos jóvenes viviendo esa experiencia de fe. Los distintos itinerarios han dado a conocer las realidades que hay en la Iglesia y han supuesto para nosotros una riqueza personal y espiritual.