Skip to main content

Una aproximación a Jesús resucitado en el arte

POR SARAI HERRERA

Dra. Internacional en Historia del Arte

La Iglesia Católica, a lo largo de su extensa trayectoria histórica, se ha valido del arte como recurso didáctico para dar a conocer y hacer comprensible su mensaje. Todos sabemos que una imagen vale más que mil palabras, por lo que partiendo de esta premisa esencial las manifestaciones artísticas han representado, difundido y acercado a los fieles los principales dogmas católicos. Nos encontramos, por tanto, ante un arte catequético que se muestra siempre al servicio de la fe.

Como no podía ser de otra manera, el pasaje de la Resurrección del Señor como pilar y fundamento de la fe cristiana, cuenta con una especial trascendencia en las artes plásticas. De este modo, su concreción iconográfica dará paso a su representación en los más diversos soportes artísticos y bajo diferentes signos estilísticos. Por lo que la pintura, la escultura y otras artes decorativas pasarán a acoger la representación de Jesús Resucitado.

El arte paleocristiano ya muestra la representación simbólica de la Resurrección de Cristo en los sarcófagos, a través del crismón rodeado de una corona de laurel  y la presencia de los soldados romanos a los pies. Estos soldados romanos también aparecen en la iconografía que es concretada desde el arte gótico. De este modo, a partir de este momento, aparece el sepulcro abierto y la figura de Cristo triunfante, rodeado por un haz de luz y portando el lábaro, en referencia al triunfo de la vida sobre la muerte.

Como norma general, estas nociones iconográficas básicas van a ser una constante a lo largo de la Historia del Arte. Por lo que los grandes maestros del arte universal captaran la escena bajo estas premisas esenciales. En este contexto, destacadas resultan las obras de Sandro Boticelli, Hans Memling, Fra Angelico o Murillo.

En el ámbito de la piedad popular, las gubias de los imagineros también se han afanado por mostrar a  Jesús Resucitado. La práctica totalidad de la Semana Santa de las ciudades y pueblos de nuestra geografía andaluza cuenta con una representación escultórica que procesiona cada Domingo de Pascua. De este modo, en nuestra capital, los cordobeses nos encontramos plenamente identificados con la hermandad radicada en el templo parroquial de Santa Marina y con su paso de misterio que muestra la grandeza de la Resurrección del Señor. A la imagen de Cristo Resucitado, obra de Juan Manuel Miñarro, le acompañan dos soldados romanos que Antonio Bernal talló posteriormente hasta configurar la escena que hoy todos conocemos.