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«He sido libre en la cárcel gracias al amor de Dios»

AUTOR DEL VÍA CRUCIS

Pastoral Penitenciaria

La Hermandad de la Merced de Córdoba y Pastoral Penitenciaria han presentado “Pasión de la Merced”, un Vía Crucis dramatizado sobre el texto de un interno del centro penitenciario de Córdoba

“Cuando toda mi vida se había venido abajo porque había visitado mi infierno interior y me había instalado en él, el Señor me volvió a salir al encuentro”, ha dejado escrito este interno. Durante muchos años este hombre, hoy en libertad, fue espectador del rezo Vía Crucis durante los viernes en la prisión y sintió que era uno de tantos de la muchedumbre que acompañó a Jesús impasible ante su dolor. Un día de dolor, llanto y sangre se dio cuenta de que también él, como nosotros, era causa de tanto sufrimiento, entonces surgió el Vía Crucis en poesía

¿De dónde surge la idea de escribir este Vía Crucis?

Siempre me ha gustado la práctica piadosa del Vía Crucis, pero siempre la he visto como una cosa que te están contando y que tú estás viendo en película más o menos con tu imaginación. En el tiempo en prisión lo que más te martiriza es estar diciendo ¿esto por qué lo he hecho yo? ¿Cómo he sido capaz, cómo se ha derrumbado mi vida? Y tiendes a encriptarte en tu dolor y buscas culpables donde no los hay. Hasta que un día ves que el único inocente condenado sin culpa, nada más que por ser bueno, fue Jesús, te paras y dices: aquí el único culpable soy yo, que no solo he crucificado a Jesús en la cruz sino que he crucificado a mi familia, a la gente que quiero y fruto de esa catarsis, de meterte en la parte que menos te gusta de ti mismo, que es esa parcela que tiendes a reservarte e incluso se la niegas a Dios muchas veces, ahí es donde surge el Vía Crucis.

¿Qué partes de este Vía Crucis reflejan esa experiencia en la cárcel?

De todas las veces que he escrito nunca “me he desnudado” tanto como en este Vía Crucis, literariamente carece de una calidad digna, pero aseguro que voy yo. Hasta la novena estación es todo el proceso del pecado, del abandono de Dios, de la condena, y a partir de la tercera caída, cuando ya empieza realmente la crucifixión de Jesús y la entrega total es como tú te sientes en prisión, solo abandonado, si nadie a quien recurrir, hasta que te encuentras con Dios. Ese proceso hay que pasarlo y es lo que yo he intentado plasmar lo mejor posible dentro de mis cualidades.

¿Usted participaba en la pastoral penitenciaria?

No solo participaba, es que ha sido mi ancla. Saber que podía ir a misa cuando nos convocaban, al rezo del rosario y a todos los actos que hacían, es lo que ha permitido que no me sienta solo y que sienta la comunión de los Santos en la Iglesia. La pastoral no sería nada sin el Obispo y a la comunidad de creyentes de Córdoba que la impulsan.

Por amor a Jesús mucha gente me ha dado su cariño sin conocerme de nada y que seguramente, si conocieran mi delito no me mirarían a la cara.

Se puede conocer la libertad aun privado de ella cuando se encuentra a Jesucristo, ¿verdad?

Lo que te hace libre realmente es Jesús, las rejas de la cárcel no son nada en comparación con las rejas que yo tenía, como muchos seres humanos, en el corazón y en el alma. Jesucristo nos hace libres porque es amor y el amor en mayúscula, que es olvidarte y negarte a ti mismo por entregarte a otra persona, es lo que te hace libre.

En ningún momento me he sentido preso en la cárcel, he sentido necesidad de afectos de un montón de cosas pero nadie ha sido más libre que yo.

Ahora se siente llamado a realizar su misión como cristiano

No puedes encontrarte con Cristo y seguir en la silla como el espectador que eras. Encontrarte con Cristo es encontrarte con los hermanos y al final dices: aquí estoy Señor para hacer tu voluntad.

¿Cómo ha sido ese encuentro con Cristo?

En los años que tengo, mi encuentro con Cristo ha sido: hoy te quiero y mañana te dejo, pero he tenido la suerte de que la única herencia que me dejaron mis padres fue la fe. Siempre me he movido con Cristo al lado pero conforme vas creciendo acomodas el mensaje de Cristo a lo que te interesa. Creamos un falso Cristo, haces una serie de cosas para sentirte bien pero hay una parcela personal que no es así.

Dios nos quiere por encima de todo y no se olvida de nosotros en ningún momento pero me tuvo que “pegar una guantada” para que al caerme y estar hundido me encontrara con Él.

¿A ti te sostiene el amor de Dios?

Hombre claro. Si tengo experiencia de algo en la vida es del amor de Dios y además, cuanto más te abandonas en Él y dejas de preocuparte de las cosas lo tienes mucho más patente. Cuando quieres llenar tu vida con cosas que no son el amor de Dios, te vas quedando vacío, sin sentido y haciendo daño. Yo estoy tratando de vivir en plenitud el sentirme hijo de Dios, que me quiere como yo no me quiero, en mis debilidades y pecados, me busca en los momentos en los que yo no me quiero ni encontrar conmigo mismo y ahí está Él, para decirme: yo te quiero, abandónate y vente conmigo.

Dios le quiere y le ha perdonado, pero ¿cuánto le ha costado a usted perdonarse a si mismo?

Del todo todavía no me he perdonado, quizá por la soberbia de querer tener la perfección que no tengo. El perdón de Dios sabes que lo tienes, solo tienes que ponerte en camino, reconocerlo y el perdón lo tienes seguro. Las personas que te rodean unas te perdonarán y otras no lo harán nunca, te acostumbras, pero la gran dificultad es perdonarte a ti mismo. Siempre me he preguntado: ¿cómo he sido capaz de hacer esto? Hasta que te das cuenta de que es sencillamente porque eres humano y te has abandonado de las manos de Dios y has querido ser el dios de tu vida.

Mi perdón es un ejercicio que tengo que hacer todos los días cuando me levanto, darle gracias a Dios por el nuevo día, abandonarme en sus manos y pedirle que me ayude a aceptarme como Él me acepta. Cada día hay que construir una vida nueva.

Usted construye día a día su vida y está en la residencia “San Gabriel”, el antiguo Seminario de los Ángeles, donde disfruta de la libertad y la paz del paraje y también dela compañía incesante del Señor ¿Cómo se siente allí?

Esto es un regalo, te sientes acogido y querido y palpo el amor de Dios en cada momento. Iniciar el día con la exposición del Santísimo y la eucaristía hace que lo que pase el resto del día te de igual, porque es como si la misa se continuara las veinticuatro horas del día. Una persona que haya cometido el delito que he cometido yo y que encima tenga la suerte de vivir así, con un sacerdote al lado con la cara más de feliz de Cristo, que es la entrega de la caridad y la misericordia, compartir con los compañeros que estamos reconstruyendo nuestra vida en base a ese amor, vivir aquí es un paraíso.