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«La Vida Consagrada es un seguimiento radical de Cristo»

By 3 de febrero de 2022774, Entrevista

El sacerdote Joaquín Pérez celebra la Jornada de la Vida Consagrada por primera vez como Delegado Episcopal

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El sacerdote Joaquín Pérez, párroco de Ntra. Sra. de la Consolación en Córdoba, es el nuevo Delegado Episcopal para la Vida Consagrada, asumía esta nueva responsabilidad hace escasas fechas y hoy en torno al 2 de febrero, cuando la Iglesia celebra la Jornada de la Vida Consagrada, queremos conocer un poco más la realidad de esta riqueza de nuestra Iglesia cordobesa. “Caminando juntos” es el lema con el que la Iglesia ha celebrado la Jornada de la Vida Consagrada, coincidiendo con la fiesta de la Presentación del Señor. Es sin duda una invitación a la sinodalidad que vive la Iglesia

¿Cómo está experimentando este momento señalado en el calendario?

Llevo años trabajando en la Iglesia en este nuevo reto estoy un poco nervioso porque es una tarea importante a la que ciertamente ni estoy a la altura ni creo que pueda estarlo en mucho tiempo. Confío en la misión que me da el Obispo pero veo que es una tarea muy grande porque la vida religiosa tiene un peso muy fuerte en la Iglesia y por tanto lo que puedo hacer es ponerme en las manos de Dios y conocer los monasterios de clausura y la vida consagrada activa en sus distintas modalidades, que están presentes de manera muy rica en nuestra Diócesis.

Esta Jornada nos ofrece la oportunidad de vernos juntos, de orar, de tener un conocimiento más profundo, celebrar nuestra fe y pedir al Señor por toda la Vida Consagrada de nuestra Diócesis junto a nuestro Pastor, D. Demetrio.

La vivo con la ilusión propia del comienzo de una tarea y de la circunstancia de la Iglesia en la tarea de preparar el Sínodo. Hay muchos alicientes que hacen interesante este momento para estar a la escucha de lo que nos dice el Señor.

Con este lema “Caminando juntos” los consagrados se unen al camino sinodal que se inició en octubre de 2021 y culminará en octubre de 2023 ¿cómo se está experimentando esta situación histórica de la Iglesia?

Con mucho entusiasmo, la Diócesis se ha entregado y está trabajando la preparación del Sínodo con verdadero interés. Los religiosos quieren hacer su contribución de una manera decidida tal y como la Iglesia piensa que debe ser el papel de la Vida Consagrada. El Obispo definía muy bien en su carta semanal el papel de la Vida Consagrada, que es una profecía evangélica de los valores del reino.

La Vida Consagrada es una invitación concreta que el Espíritu Santo hace a algunos cristianos, que buscan la verdad y quieren hacer de su vida un seguimiento radical de Cristo. Esa decisión y esa vida que ellos escogen y que mantienen durante años en la Iglesia es el horizonte al que todos tenemos que tender. Ellos hacen profesión de los consejos evangélicos y se atan a una vida fundamentada y determinada pero los laicos deben tender a eso como un horizonte porque si no la vida de los laicos se desfiguraría. Como dice el himno cristológico paulino “Cristo tiene que reinar y todo va confluyendo hasta que Cristo sea todo en todas las cosas”, ellos han dado ya ese paso e intentan todos los días que Cristo sea el centro de su vida y los demás vamos en ese mismo horizonte.

La vida consagrada muestra al mundo un testimonio alegre de esa entrega radical al Señor ¿Qué podemos hacer los demás para contagiarnos de esa alegría?

La alegría es una característica de los cristianos, la vivencia del misterio de Cristo produce espontáneamente una alegría, un talante en la vida que realmente es atractivo. Cuando encontramos personas que están en Cristo, tienen una alegría serena, una manera de afrontar los asuntos, una forma de vivir atractiva y esa es una característica de la vida cristiana bien vivida que se produce espontáneamente. Todos salimos impactados de los monasterios de clausura, rebosa alegría porque ellos ven en todo la mano de Dios, no hay ningún asunto que les quite alegría porque inmediatamente lo meten en esa voluntad de Dios y la aceptan y ven con claridad que el Señor está obrando maravillas de una manera u otra, con cosas agradables y con las que no lo son tanto.

¿Qué situación está viviendo la Diócesis en cuanto a vocaciones?

Hay una crisis en toda la Iglesia, sobre todo en Occidente, donde ha apretado mucho el secularismo, es decir, hacer una vida sin Dios. Este es el gran reto que tenemos. El hombre se organiza sin Dios y esto es una atmósfera que estamos viviendo todos. En los cristianos, que es donde tiene que brotar la vocación, estamos respirando esa atmósfera. Todo hombre es religioso aunque sea ateo, tendrá algún valor ante el que se rinda y al que adore, esa es la religiosidad. Pero Cristo ha venido a decirnos cuál tiene que ser la relación del hombre con Dios.

La actitud cristiana tenemos que mirarla en la Virgen que se pone ante Dios y dice: “aquí está la esclava del Señor que se haga en mí según tu Palabra”. El hombre ateo pide a Dios que haga sus planes, el cristiano, convertido a Cristo, se pone a disposición de los planes de Dios. En la atmósfera que vivimos el hombre es el protagonista y eso está metido en la Iglesia, no hay disposición de decir: esos son los planes de Dios y mi vida tiene que ser para que se hagan los planes de Dios. Ahí está la clave de que no salgan vocaciones, hay que evangelizar para decir que Jesús tiene que ser el Señor y es el que hace los planes y yo soy la esclava del Señor.

Ese clima social está acompañado por una crisis en la familia, donde tampoco se transmite el valor de la vida consagrada por tanto no se puede elegir entre lo desconocido, ¿no?

La familia es, sin duda, el objetivo de esta lucha tremenda que tenemos con el mundo, que se carga la familia para destruirlo todo. Acabando con la familia acaba con el hombre y con la religiosidad, por lo que es hora de que se construyan matrimonios cristianos donde la familia sea una Iglesia doméstica y Cristo esté en el centro. En la Iglesia están surgiendo movimientos que ayudan a la familia para poner en orden el objetivo del matrimonio cristiano. El matrimonio es una vocación, una manera de alcanzar la santidad.

¿Cómo es recibido usted en las comunidades que visita?

Muy bien, estamos movidos por el Espíritu Santo con el deseo de vivir la vida cristiana y asentar nuestra vida sobre la verdad. Voy en nombre del Obispo con la sencillez de conocer a la comunidad. Normalmente les digo que quiero compartir un rato de oración y otro de tertulia para conocernos y ellos van contando su experiencia. Está siendo una alegría y una riqueza muy grande.

De las historias de conversión de los religiosos y religiosas se habrá llevado alguna formidable sorpresa ¿ha conocido algún caso que realmente le haya conmovido?

Muchos. Los testimonios son impresionantes y deben ser conocidos porque se ven vidas auténticas que pueden ser para los jóvenes de una atracción tremenda, pero que es un mundo desconocido. La cultura del teléfono y la superficialidad hace que la gente esté apartada.

Me llamó la atención una clarisa que cuando me presenté me dijo: yo conozco a tus padres porque soy del pueblo de tu madre. Esta muchacha se escapó de su casa para irse al convento porque cuando consultó su vocación encontró la oposición en su familia. Cuando el Señor llama no hay quien pare esa llamada. Como este testimonio son todos, te estremecen y ves que ahí está la Verdad, ellos se han jugado la vida pero con el paso de los años singuen diciendo: bendita la hora en que decidí que mi vida fuera Cristo.