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«En la ayuda a los demás tenemos un regalo inmenso»

By 25 de febrero de 2022777, Entrevista

“Acercando nuestro corazón a la India rural” es el título de la conferencia que Elena Fernández Valderrama ha impartido en Córdoba al hilo de la campaña anual de Manos Unidas. Queremos conocer la experiencia de esta voluntaria que ha estado allí en primera persona viendo necesidades y esperanza en las caras de muchas personas

¿En qué ha consistido tu conferencia en la parroquia San Miguel Arcángel?

Cuento mi primer viaje a la India, el impacto que supuso en mi vida y el tipo de proyectos que hacemos para cambiar esa realidad tan tremenda que yo vi allí y dar un poco de esperanza a la gente porque el sufrimiento de la población india, sobre todo de la india rural, es tremenda. Intentar convencer a la gente que entre todos podemos realmente cambiar esa situación.

Eras una persona muy joven cuando empezaste tu voluntariado en Manos Unidas, ¿cómo se tradujo ese impacto en tu forma de vida, en tu visión del mundo?

El impacto fue muy fuerte porque por más que yo estudiaba proyectos aquí, por más que te cuentan, cuando ves la realidad cara a cara es inmensamente más dolorosa de lo que te puedes imaginar. La pobreza es tremenda, no es pobreza es miseria y la situación en la que viven seres humanos exactamente igual que nosotros pero en unas condiciones tan inhumanas, que nadie debería de vivir así, te afecta mucho y te cuesta encajar ese dolor en tu realidad y volví muy cambiada pero convencida de que la vida muchas veces te pone pruebas para demostrarte que tienes que hacer algo por los demás, te da las oportunidades y yo la tomé así, era una oportunidad de devolverle a la vida todo lo que a mí me ha dado. Desde entonces mi implicación ha sido total y absoluta. Tengo mi vida, mi familia pero esta otra parte de mí es fundamental porque me ha dado un nuevo sentido, me ha hecho ver que en la ayuda a los demás tenemos un regalo inmenso que da una satisfacción que no te la da otra cosa. Soy inmensamente feliz de tener esta suerte de poder ayudar.

Vivimos inmersos en miles de necesidades, cuando uno se despoja de ellas frente a un hermano que padece la miseria todo se transforma en tu interior y a tu alrededor, influyes en tu entorno más cercano, en tu familia en tus hijos, ¿ha sido así?

Si. Lo primero que intentas es explicar cómo es esa realidad para que la gente valore lo que tenemos aquí, pero no hay que quedarse solo en eso. Muchas veces le digo a mis hijos que no me vale que digas: que suerte tengo. Hay que dar un paso más e implicarse más y no quejarnos por tonterías. Cuando vuelvo de los viajes me paso un par de semanas descolocada porque el contraste es muy fuerte, a veces del primer viaje de la temporada, justo antes de Navidad, vengo tan trastocada mentalmente de ver tanta pobreza que pienso: ¿cómo puedo estar pensando en comprarme un bolso o unos zapatos?. En mi entorno más cercano intento explicar que con ese dinero en la India viven tantas familias que están pasando hambre, para relativizar un poco y no dar importancia a superficialidades, que ya nos parece lo normal acumular. A mi familia le digo que no me den regalos, que el dinero lo guarden en un sobre y en su nombre lo voy a dar para comprar dos cabras para que una familia tenga el futuro asegurado. Intento poco a poco movilizar en el sentido no solo de valorar lo que tenemos sino que hay que intentar cambiar y dar un paso más, involucrarnos.

Cuando hablamos de la India rural, desde aquí quizá lo que nos cuentas nos parece inimaginable, algo que pertenece a un mundo al que nunca llegaremos, ¿qué proyecto fundamental se desarrolla en la India rural?

Hay muchos y muy variados proyectos porque las necesidades son inmensas y hay que abrir muchos frentes. Hay proyectos de necesidades muy inmediatas, la gente está pasando hambre y después del Covid todavía más, con lo cual lo primero que hay que hacer es darle medios para que ellos puedan comer. En el ámbito agrícola hay proyectos muy importantes porque ellos viven del campo y hay que facilitarles desde semillas, hasta métodos de cultivo más modernos para que las cosechas den más fruto, o pozos para que tengan agua, o proyectos sanitarios porque si no tenemos salud tampoco podemos seguir adelante. Hay que darles acceso a una sanidad y una formación en salud e higiene para prevenir muchas enfermedades.

Hay también proyectos un poco más largo plazo pero con resultados también importantes, como son los proyectos educativos porque los niños son el futuro, si no les formamos acabarán siendo igual de analfabetos que sus padres y el país no avanza. Por otro lado, los proyectos de tipo social que a mí me parecen muy importantes, como por ejemplo proyectos para las mujeres, las grandes discriminadas en la India, no tienen ni voz ni voto y viven unas situaciones terribles de violencia doméstica en silencio y hay que darles una vía para que puedan sacar el potencial tan increíble que tienen. Hemos comprobado que son el motor del cambio social en la India entonces hay que darles oportunidades y formación para que a través de ellas se forman los hijos y toda una aldea va cambiando a través de esas mujeres y es maravilloso. Solo el hecho de sacarlas de sus casas, que están absolutamente encerradas, y hacerles reuniones una vez al mes en grupos de diez mujeres, que se llaman “grupos de autoayuda”, para ellas es un mundo porque es un momento en el que conectan con otras mujeres, se cuentan sus problemas, les cambia la vida y cuando vuelves a la aldea donde se ha trabajado te cuentan cómo ha cambiado su vida desde que has empezado con un proyecto. Les vamos dando herramientas para que generen ingresos y son el motor social y económico de la India rural.

¿Cómo os reciben a los voluntarios de Manos Unidas que vais al origen de sus necesidades?

Normalmente nosotros no vamos en directo sin que antes hayan estado lo socios locales, que normalmente son congregaciones religiosas católicas con las que trabajamos en la India y que son las que de verdad hacen la labor social. Ellos son los que sí hay una congregación en una zona tribal empiezan a visitar los pueblos, a ver las necesidades de la gente, tienen reuniones, primero con los hombres, luego van dando paso a las mujeres y recogen la demanda real. Esa demanda viene de los propios beneficiarios que a través de nuestros socios locales son los que nos lo comunican a nosotros y vemos la demanda de la zona, la visito una vez al año para comprobar que la necesidad es real porque el presupuesto es limitado y tenemos que hacer selección.

Cuando se decide que sí empiezo a tener reuniones con los beneficiarios, pero ya ha habido un paso previo, han aceptado a las religiosas que viven allí, a veces llevan diez años conviviendo con ellos y no han podido hacer ningún proyecto. A través de ellos nos dan entrada y nos reciben maravillosamente, el agradecimiento del indio es impresionante. Trabajamos con los tribales y los intocables, estos últimos tan marginados que cuando alguien de la otra punta del mundo al que no han visto en la vida va a verlos, les da un abrazo, les hable y les da dignidad, lo tratan como a un Dios, son muy agradecidos. Es gente maravillosa y con poco que se haga se les cambia tanto la vida que merece la pena el esfuerzo.