Skip to main content

«El anhelo más profundo de la madre era salvar almas»

By 11 de marzo de 2022779, Entrevista

Celia Hierro es sobrina de madre Luisa Sosa Fontela y ha presentado en la Parroquia de la Consolación de Córdoba el libro “Madre Luisa Sosa, testigo y apóstol de Jesús”, una biografía que atesora el proceso de creación de la Obra de Jesús Nazareno sobre los pilares de la fe, esperanza y caridad, que define una vida marcada por “todas las virtudes en grado máximo”.

La familia somete al juicio de la Iglesia la prueba de estas virtudes porque “La Madre Luisa siempre tuvo fama de santidad, ya en vida, durante la muerte y después de la muerte”, asegura Celia Hierro

¿Quién es la madre Luisa Sosa?

La Madre Luisa Sosa Fontenla nació en Nerva en 1918. Fue la Fundadora de la Obra de Jesús Nazareno de Nerva. Dedicó toda su vida al servicio de los más pobres y necesitados. Nos situamos en el año 1939 en la postguerra, en la que ese pueblo fue especialmente castigado por la hambruna y las enfermedades, con la temible tuberculosis a la cabeza. Lo que la movió a darse a los demás fue el estado lamentable en que morían allí los enfermos, sin los auxilios espirituales. La gente moría desesperada. El anhelo más profundo de la Madre era salvar almas.

¿Cuáles eran sus principales virtudes?¿Cómo la conocía el pueblo de Nerva donde vivió y fundó la obra de Jesús Nazareno?

Sus principales virtudes fueron la fe, la esperanza y la caridad, la humildad profundísima, la paciencia, la dulzura, la fortaleza, la mansedumbre, la castidad, la modestia, la igualdad de trato y de carácter. La paz que transmitía es una constante en todos los testimonios. Fue una luchadora de la paz, incluso a costa de su sacrificio. En realidad, los que la conocimos creemos que practicó todas las virtudes en grado máximo, aunque, por supuesto, nos sometemos al juicio de la Iglesia.

El pueblo de Nerva la conoció en su virtud más destacada que fue la caridad, dedicándose por entero a los enfermos, a los necesitados, socorriéndolos por encima de sus posibilidades. Más adelante, conforme le pidió el Señor, se dedicó a recoger y a atender a las ancianas. También recogía a las niñas que tenían diversos tipos de necesidades y problemáticas.

¿En qué se sostiene la fama de santidad de madre Luisa?

La Madre Luisa siempre tuvo fama de santidad, ya en vida, durante la muerte y después de la muerte. Esa fama se sustenta en la heroicidad de sus virtudes, como lo reconoce la comunidad religiosa que ella fundó. Esa fama de santidad y de favores la podemos constatar en los testimonios que estamos recogiendo, y se está extendiendo incluso a personas que no la han conocido, y hasta fuera de España.

¿A qué se dedicó esa obra?

El objetivo de esta Fundación es la asistencia a las personas desamparadas, según el lema de la Madre Luisa “A la fe, por la caridad”. Era muy llamativo ese amor tan inefable que tenía a las ancianas, a las que el mundo desprecia: “Queremos llevar, con la limosna material, un poco de consuelo a las almas atribuladas, para que estas, agradecidas, vuelvan sus ojos a Dios, lo amen y se conviertan”. Pero, sobre todo, le importaba que conozcan la bondad del Señor, prepararlas para bien morir, que mueran en paz y reconciliadas con el Señor. Esto forma es parte del carisma de la Madre.

¿Qué recuerda de ella con más viveza?

Lo que más llamaba la atención en ella era esa bondad y esa paz que transmitía, que era reflejo de la bondad de Dios y que lo proyectaba sobre los demás, a costa de una profunda humildad y abnegación completa. Lo hacía a través de esa igualdad de carácter, esa dulzura de carácter. Llama la atención que todas y cada una de las personas que la han tratado manifiestan se sentían queridos de una manera especial, porque ella reflejaba la bondad de Dios, el amor de Dios.

¿Recuerda alguna enseñanza de ella?

A sus hermanas de comunidad les enseñó a vivir en todo momento en la voluntad del Señor, con la confianza que da saber que “no se mueve la hoja del árbol sin la voluntad del Señor”, frase que ella repetía continuamente.

También les ha dejado como impronta la necesidad constante de reparar la gloria del Señor, que está tan ultrajado. Ese profundo amor a Jesús Nazareno que ella vivió, buscar la compañía de Jesús Nazareno, pedirle que nos ayude en estos momentos tan difíciles. Que la gente no se enfada con el Señor cuando tiene algún motivo de sufrimiento, todo son enseñanzas que han quedado muy arraigadas en nuestras almas.